Enrique Laviada
Enrique Laviada

A estas alturas, quiero decir cuando ya se encuentra bastante avanzada la administración actual, dudo mucho que alguien en el gobierno pueda explicar los asuntos que deberían formar parte de una agenda de gobierno, al grado de que el plan estatal quedaría reducido a meros formalismos discursivos.

Paso entonces, estimado y paciente lector, a enumerar los asuntos relativos a una agenda inexistente:

Gestión. Luego de la reciente visita presidencial, la capacidad de gestión del gobernador Tello quedó hecha añicos. Todos los proyectos importantes serán ejecutados por las instancias federales. Una cantidad enorme de millones de pesos para programas sociales dependerán directamente del centro y serán entregadas directamente a los beneficiarios. El margen presupuestal del gobierno estatal será mínimo y su principal responsabilidad será pagar nóminas y servicios de la deuda heredada por la administración anterior. Los sectores deficitarios (especialmente los educativos) no tendrán un punto de referencia, para su posible solución, en lo que se haga o se deje de hacer desde el gobierno del estado.

Legislación. Ni la bancada del PRI en la actual Legislatura, ni alguna de las otras representaciones, cuenta con una agenda legislativa que permita mejorar las funciones gubernamentales, promover nuevas políticas públicas, atender los reclamos ciudadanos o algo parecido. Nunca como ahora es perceptible la ausencia de lineamientos o propósitos de carácter legislativo. El vacío de ideas en el recinto es incomparable. Los principales problemas de los diputados en el periodo actual empiezan y terminan en sus propios ingresos y negociaciones. Nadie cuenta con la solvencia ética en una expresión mínimamente aceptable. Se pasa de la improductividad de otros tiempos al estancamiento y la inmovilidad.

Vinculación. El actual gobernador y los funcionarios que conforman su gabinete (salvo muy contadas excepciones) se encuentran lejanos a los sectores que componen el conjunto económico y social de la entidad. Acaso por reuniones casuales, o por motivos de calendario, se observan encuentros que, generalmente, no pasan de ser meros actos oficiales, protocolarios, sin consecuencias prácticas. El seguimiento gubernamental a los asuntos sectoriales y municipales no responde a sistema alguno. El actual es el periodo de los cabos sueltos. Las negociaciones, acuerdos, compromisos suelen responder a exigencias circunstanciales.

Atención. Quizá sea el gobernador Tello quien menos haya convivido con la población de los municipios en giras de trabajo, muy rara vez se mezcla con la gente en eventos públicos y las audiencias abiertas han quedado prácticamente en el olvido. El círculo cercano del mandatario estatal parece haberlo persuadido de que la mejor forma de atender a sus gobernados consiste en repetir invariablemente su condición de zacatecano auténtico. No se dimensiona el riesgo que implica para un gobernante como Tello, salido de las esferas administrativas, el mantenerse alejado de la gente de carne y hueso. No basta con parecerse al ciudadano de a pie, lo recomendable sería compartir espacios de participación. Las relaciones gobernantes-gobernados son distantes y frías.

Construcción. Uno de los resultados más tangibles en la gestión gubernamental son, sin duda, las obras. Lamentablemente para Tello su tiempo dedicado a esa materia, hasta ahora, se escurre tratando de arreglar las porquerías heredadas de la administración anterior, minimizar el daño de sus excesos, tapar su corrupción y sobrellevar las nefastas consecuencias de todo. El costo de los elefantes blancos, las obras inconclusas, los materiales defectuosos, la desviación de recursos, los proyectos truncados, la peor de todas las corruptelas en forma de diezmos y tajadas se las ha tenido que comer el gobernador Tello, a pesar de las advertencias hechas desde muchos ángulos para que hubiesen sido enfrentadas a tiempo, y ahora, con el agravante de un ambiente hostil producto de las exigencias “purificadoras” de la llamada Cuarta Transformación.

Comunicación. Si en algún rubro la agenda es inexistente, sin duda, corresponde a su comunicación. La crítica de lo inexistente se dificulta. La imagen del gobernador se encuentra en manos de nadie. La incapacidad para comunicar se aproxima a la exposición al repudio. La incapacidad para realizar operaciones reactivas ya es nula. Menos podríamos hablar de estrategias de posicionamiento o de mayor plazo. El gobierno actual es el más insípido de la historia y, tal vez, sin remedio alguno.

 

Acertijo

En algún lugar lo encontrarás.


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