Miguel Moctezuma L
Miguel Moctezuma L

En mi transición profesional que va de la economía y de ésta hacia la la sociología me encontré con una reflexión que hoy les comparto sólo porque forma parte de las teorías liberadoras que inspiran a la transformación de las estructuras y las instituciones.

La tesis más convincentes de Erving Goffman es la que afirma que las personas actúan en sociedad y en escenarios específicos a fin de poder desempeñar distintos roles sociales. Nuestro comportamiento es indicativo de ello.

En la sociedad todo está codificado, sólo debemos de aprenderlo y reproducirlo sin cuestionamiento. Ésta es la actitud de quienes aprenden acríticamente a actuar en sociedad. Ello es la forma más rudimentaria de convertirnos en personas. Y es que la persona, según el mismo autor, es la máscara que cada cual lleva y adopta para sí a fin de representar sus roles en sociedad.

En efecto, tenemos a mano varias máscaras para comportarnos en sociedad. Pondré algunos ejemplos que lo ilustren; un profesor, independientemente de lo que realmente sabe, debe actuar en el sentido tradicional en el aula como un conocedor de lo que se espera ha de enseñar. El no hacerlo implica poner en duda su expertis frente a sus alumnos. Sus modales, su elocuencia y a veces hasta su indumentaria está prefigurada en la mente de sus estudiantes. Un político, además de conocimiento, debe parecer como un hombre o una mujer fuerte, capaz de dar confianza a sus representados y de tomar decisiones. Un gurú siempre será capaz de infundir seguridad y necesita imponer su voluntad ha de ser lo suficientemente hábil para producir temor a sus adversarios o a sus críticos; de esta manera es como se reproduce toda sociedad y así es como resiste a los cambios.

La afirmación complementaria de esta tesis consiste en reconocer que los roles sociales se despliegan en un escenario particular. Por ejemplo, un médico que requiere auscultar a su paciente, se apega a un protocolo que le permitirá ordenarle en su consultorio así: “quítese la ropa que la voy a revisar”. Fuera de su consultorio y sin la indumentaria que le caracteriza será por lo menos cuestionado. De igual forma, se cuenta de un rey de la antigua China que paseaba frente a las multitudes vestido con su túnica, cargado en su aposento sobre los hombros de varios hombres, mostrando un rostro sonriente seguido de su séquito, se le amonestó porque según las normas de los reyes debía de mostrar serenidad y una aura de

grandeza en lugar de sonreír a la multitud. Estos dos ejemplos indican que el escenario y la ritualidad de los comportamientos sociales de las personas están claramente preestablecidos; es decir, vivimos en medio de escenarios llenos de ritos.

Estos mecanismos de reproducción social funcionan con tanta eficacia que se transforman en una fuerza subjetiva internalizada que deja de reflexionarse y que nos condiciona a actuar de una determinada forma. Estas prácticas sociales no son fácilmente observadas cuando nos hemos dejado pasivamente conquistar y la colonización ha logrado echar sus raíces. Éste es también el mecanismo que se utiliza para la manipulación de las mentes, aún de las más brillantes

En esa lógica, ¿cómo romper con las estructuras y las instituciones, cuando éstas estructuran el pensamiento de las personas? Estas estructuras mentales son las que nos aprisionan cuando ponemos nuestra vida acríticamente en manos de esas personas que se dicen líderes y que abusan del poder que se les otorga. Pero un día todo se disloca: el esclavo se da cuenta de su esclavitud y el creyente deja de creer en un ser ajeno a sí mismo. Lo interesante de esta reflexión es que las estructuras mentales son tan resistentes que orientan los comportamientos y hay vivales que lo saben y son capaces de actuar sin ningún escrúpulo.


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