MANUEL J. JÁUREGUI
MANUEL J. JÁUREGUI

Dice la Concanaco, y estos señores deben saber, ya que nadie sabe mejor lo que pesa el bulto que quien lo carga, que ésta -la que vivimos- pinta para ser la peor cuesta de enero de los últimos años.

Este nuevo año, pues, arranca de la chinchorra, lo cual para quien está haciendo cola en la gasolinera debido a la falta de combustibles, no es ninguna novedad.

Dice con conocimiento de causa don José Manuel López Campos, presidente de la Concanaco Servytur: “Al desabasto de combustible deben añadirse otros factores, tales como el aumento del salario mínimo, de las tarifas de luz y el riesgo que corre el transporte de los bienes perecederos. Esto hace más complicado el arranque del año”.

Afirmó también el líder empresarial que sus asociados reportan ya afectaciones económicas en cuando menos DOCE entidades del País.

Entre ellas, Estado de México, Jalisco, Guanajuato, Hidalgo, Coahuila, Tamaulipas, Aguascalientes y Durango.

Lo que tenemos aquí pues, amigos, es un fenómeno, una “tormenta perfecta” que seguramente impactará negativamente nuestro Producto Interno Bruto.

Es decir, empezamos este 2019, que pinta como Siqueiros (o sea, de susto), muy mal, tirándole a pésimo con la perspectiva de que los organismos que monitorean nuestro crecimiento económico emitan otra perspectiva a la baja.

Esto nos parece probable y al mismo tiempo posible, lo cual resulta lamentable, ya que, como ustedes bien saben, cuando se habla de contracción económica, o desaceleración o recesión, o como le quieran llamar, estamos realmente hablando de la PÉRDIDA DE EMPLEOS dentro de nuestra economía.

Si algo demuestra la historia es que cuando se pierden empleos es bien difícil recuperarlos.

En muchos casos el daño es tan profundo que la planta productiva lo resiente por años.

Lo cual es lo mismo que decir que enfrentamos con este inicio pésimo de año, en el que la cuesta normal se nos presenta lo doble de empinada, una reducción en el nivel de vida de millones de mexicanos.

Dista mucho de ser lo ideal esta situación que vive nuestra Nación.

Conste, no abordamos para nada el tema de causa-efecto.

No, simplemente hablamos de la economía, de sus perspectivas, y lo que esto significa oteando el horizonte para el ciudadano promedio.

El que ya de por sí se raja la progenitora todos los días para alimentar a su familia, para darles techo, educación, cuidados de salud (a propósito y hablando de este tema: los seguros de gastos médicos están reportando incrementos en las primas de entre 25 y 30 por ciento respecto al año anterior: ésta no es parte de la medición del INEGI, es la “inflación real” que resiente la clase media nacional), transporte (¡si los Tesla fueran baratos, todos tendríamos uno!), diversión, ahorro y además pagar impuestos aun cuando no puede llegar a su empleo porque nadando en crudo ¡no tenemos gasolina!

Imaginen ustedes, amigos lectores, lo que han de estar pensando los inversionistas extranjeros, al echarle un ojo a México.

¿Invertir ahí?

¡Ni locos!

No hay garantías a la inversión, se gobierna por capricho, se paraliza el País por la voluntad de un solo hombre, la violencia e inseguridad no cede, la economía está arranada y pudiera arranarse más: ¿a qué le tiro?

Muchas otras oportunidades de inversión existen en países con mayor orden, disciplina, más institucionales, con salvaguardas a la inversión y a la propiedad privada.

Querámoslo o no, estemos conscientes de ello o no, México está en una COMPETENCIA global, en la que compiten no sólo nuestras industrias y comercios, sino la SOCIEDAD mexicana misma.

Ésta requiere que se fomente en ella la eficiencia, la productividad, la competitividad.

¿Cómo logra alcanzar estos objetivos una paralización nacional por desabasto de combustible que hace de la cuesta de enero una escalada al K9 en traje de baño?


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