Alberto Chiu
Alberto Chiu

Decir que el problema de la inseguridad en Zacatecas “no ha sido ni tan grave ni tan grande” para los trabajadores del sector salud en la entidad me parece, de calle, una insensatez mayúscula. Pero así lo dijo, textualmente, la secretaria general de la sección 39 del sindicato del ramo en la entidad. Y eso, estoy seguro, lo podrán respaldar más de tres médicos, pasantes, internos, auxiliares, enfermeros, etcétera, que lo han sufrido en carne propia.

La salida “fácil” que da la lideresa de los trabajadores de salud es que, donde ha sucedido algún hecho violento relacionado con ellos, se ha tomado la decisión de cambiar a los afectados a otro lugar. Y qué, ¿con cambiarlos a ellos se soluciona el problema suscitado en el lugar? Por supuesto que no.

A ver, de acuerdo con testimonios que me ha tocado escuchar, ha habido médicos, enfermeros y auxiliares que, en distintos puntos del estado han sido “levantados” (a la fuerza, es obvio) para ir a atender a personas que están lesionadas –generalmente derivados de enfrentamientos, balaceras, etcétera–, y que aunque luego las regresan “sanas y salvas” a su unidad médica, deja en ellos un trauma para toda la vida.

En otros casos, hay ocasiones en las que los grupos delincuenciales les llevan a esos médicos a personas prácticamente muertas para que “las arreglen”, o les acercan a “sus mujeres” para que les receten anticonceptivos, o para que terminen con un embarazo no deseado, o para que las mediquen contra una infección venérea. Y si los médicos se niegan… ya sabrá usted. Los casos son muchos, y es insensato pensar que no es “ni tan grave ni tan grande”.

El ejercicio de una profesión como la de médico, por ejemplo, que requiere en primer término de una férrea vocación de servicio y auxilio al prójimo, no debería estar sujeta o ser presa del temor de que “algo” les vaya a pasar tan sólo por la naturaleza de la propia profesión. Y por el contrario, debería contar con todas las garantías para poder ejercerla, sin menoscabo de su libertad ni de su salud.

Pero eso es asunto total del gobierno, del Estado, y no se vale que quien se diga “líder” del gremio que los aglutina, minimice lo que les pasa a los profesionales de la salud, excusándose apenas con el argumento de que “nadie está exento”. No estamos en una situación de guerra, donde quizás estos y otros abusos pudieran ocurrir de manera “regular”. ¿O sí?

Creo que es una lástima que los profesionales de la salud estén representados, como gremio, por alguien que minimiza esta clase de situaciones que, también hay que reconocerlo, la mayor parte de las veces no se denuncian y permanecen desconocidas para la sociedad por una razón básica de supervivencia: por miedo a las represalias.

Siendo la salud uno de los pilares fundamentales para el desarrollo de las sociedades, creo que al menos las declaraciones en el tenor de la seguridad de quienes son sus “oficiantes” deberían ser menos “aventuradas”, con un poco más de sentido común, y un mucho más de empatía para con ellos, y sus pacientes. Qué lamentable.


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