Jenny González Arenas
Jenny González Arenas

Empezamos el año con la noticia del desabasto de combustibles en muchas partes de la República Mexicana y comienzan las voces que se pronuncian sobre si es o no una violación a derechos humanos.

Como todo, existen perspectivas, y hoy nos quejamos porque de pronto nos encontramos con la repentina ausencia de algo, la pregunta es ¿la falta de combustibles es en sí la violación al derecho humano al desarrollo? O ¿el elevado costo de los combustibles que impacta de manera directa en el costo de las mercancías constituye una violación sistemática a los derechos humanos?

Ambas preguntas están relacionadas con los derechos humanos y el combustible, así como con el derecho humano al desarrollo, lo que hace suponer que damos por sentado la existencia de una violación, pero tampoco se trata de descubrir qué fue primero, el huevo o la gallina, sino que entendamos que la violación a nuestro derecho humano al desarrollo no surge de manera repentina con el desabasto temporal de combustible, sino que se ha venido dando de manera progresiva, con la anuencia del propio Estado, desde que se comienzan a incrementar los costos del combustible.

Es cierto que el desabasto repentino de combustible provoca molestias generalizadas, la gente no tiene tiempo para hacer filas por horas, las mercancías se detienen y algunas cargas se ponen en riesgo por las condiciones de transportación, los enfermos no pueden ser trasladados en ambulancias, los transportes escolares no pueden ir por los niños y llevarlos a las instituciones, muchas cosas dejan de funcionar de manera repentina y eso genera molestia.

Pero el incremento paulatino del costo de la gasolina ha provocado que la vida se vaya desacelerando, meditamos más sobre salir o no en vehículo, el costo de los pasajes incrementa constantemente, los precios de los productos aumentan de manera paulatina y eso hace que nuestro dinero pierda poder adquisitivo, la molestia no es repentina, pero poco a poco vamos valorando lo que estamos perdiendo.

En ambos casos, tanto ha violentado el derecho humano quien autoriza el incremento progresivo de los precios de los combustibles como el que de la noche a la mañana cierra la llave para corregir supuestos problemas de infraestructura; no se trata de buscar culpables en lo inmediato, sino de reflexionar un momento sobre lo acostumbrados que estábamos a una violación sistemática a nuestros derechos humanos a grado tal que ya no parecía una violación, y cómo explotamos en cólera y desesperación cuando tenemos que hacer filas para adquirir un producto necesario que, a parte de todo, tiene un alto costo.

Pudiera ser este el momento oportuno para quitarnos la camiseta del conformismo y reaccionar; porque violenta nuestro derecho humano al desarrollo el que los precios suban de manera paulatina, así como el hecho de que de la noche a la mañana no podamos acceder al producto. No se trata de irnos acostumbrando poco a poco a que nos violenten nuestros derechos o de manifestarnos cuando la violación es repentina y agresiva, debería de tratarse de que, como sociedad, identifiquemos una violación a nuestros derechos, por insignificante que parezca, y nos manifestemos para que el gobierno no las vuelva violaciones sistemáticas.

El precio del combustible impacta en todas las mercancías y productos necesarios para desarrollarnos, no sólo en los que tienen automóvil.


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