Alberto Chiu
Alberto Chiu

El gobernador Alejandro Tello, junto con otros mandatarios estatales, estuvieron en la capital del país para participar en la primera audiencia pública de donde, se supone, habrán de reunirse opiniones que “afinen” la reforma constitucional que pretende el presidente López Obrador, en el tema de la Guardia Nacional y aspectos específicos de la seguridad en el país.

Ahí, el gobernador de Zacatecas se pronunció por un sí a la “nueva” corporación, pero no a que quede bajo mando militar, sino que sea bajo un mando civil. Mi duda es qué mando civil sería el óptimo para manejar una corporación que nace con cara de militar, formación de militar, camina como militar y actúa como militar.

Al respecto, comentaristas y analistas nacionales se han lanzado al ruedo para debatir –al menos en algunos medios de comunicación– sobre la pertinencia o no de un mando civil sobre una institución netamente militar. Y hasta ahora, no se ve claro el panorama. Es obvio que estamos en los albores de la discusión, y que todavía falta algún trecho hasta que el presidente, quizás con la campechanía que le caracteriza, decida (él solito, faltaba más) qué se hará con el asunto.

Pero mientras aquello sucede allá en la capital de la nación, y mientras el gobernador defiende al mando civil en la Guardia Nacional, aquí resulta la verdad un tanto “curioso” cómo su secretario de Seguridad Pública, Ismael Camberos, parece más bien tendiente a recargarse, cada vez que da una declaración, en el Ejército y su actual co-participación en las taras de seguridad que, por ley, le corresponderían primordialmente a la gente bajo su mando.

Conferencia tras conferencia, se apoya en la presencia del Ejército en las Unidades Regionales de Seguridad (Unirse), en el acompañamiento durante los patrullajes, en el soporte que les dan en operativos especiales… vamos, pues, que a ojos de más de tres pareciera que trata de usar la imagen del Ejército para darle fortaleza (en percepción) a las corporaciones civiles.

Y cómo no, si las fuerzas armadas del país siguen siendo una de las instituciones con mayor índice de confiabilidad por parte de la ciudadanía. Cómo negar que, a pesar de los pesares y de los episodios grises (algunos francamente negros) en los que se han visto vulnerados derechos humanos de civiles, es más la buena opinión sobre las fuerzas castrenses, que la de quienes los rechazan.

Así que mientras se discute (allá, en el Centro) el tema de la Guardia Nacional y su pertinencia de mando civil o militar, y mientras allá el gobernador defiende el primero, acá al parecer seguiremos viendo cómo se sigue preponderando el apoyo de las fuerzas militares porque, sencillamente, la autoridad civil no tiene ni el personal suficiente, ni la estrategia definida para abatir la delincuencia que, como hemos visto en los primeros días del año, sigue haciendo de las suyas… con todo y a pesar de todo. Hasta pareciera que estamos en “tierra de nadie”.


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