Enrique Laviada
Enrique Laviada

Después de dos semanas de peregrinar (no es ironía), es la terminología utilizada por el gobernador Alejandro Tello, el resultado obtenido fue el que era previsible, es decir, el que adelantó con brusca claridad el presidente Andrés Manuel López Obrador: no habrá recursos extraordinarios para pago de compromisos laborales del sector educativo del estado y, menos aún, para el rescate financiero de la universidad.

Desde aquella primera reunión con la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago) con el nuevo presidente, en la que sus palabras cayeron como balde de agua fría, “háganle como puedan” o “búsquenle”, quedó a la vista que las prioridades serían los programas sociales y el cumplimiento de promesas hechas en la campaña.

Ahora sabemos qué cantidades impresionantes de dinero serán destinadas a pagar becas para estudiantes, serán muchos miles y tendrán acceso a ellas todos los que quieran, sin importar su grado, su desempeño o su situación académica.

Al mismo tiempo se dará prioridad a la fundación, se dice, de cien nuevas universidades, que no serán autónomas, sino parte de la llamada Cuarta Transformación, con un claro sentido en su contenido educativo (algunos le llaman doctrinal) y de las cuales, se instalarán tres en Zacatecas.

Así será la educación de la Cuarta.

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En una declaración, por demás sorprendente, los sindicatos de todo el sector educativo de la entidad (siempre tan aguerridos) le han hecho un llamado al gobernador Tello, le han exigido en un tono enérgico (es ironía), que ya doble las manos y se conforme con la oferta de adelanto de participaciones, es decir, que se someta al gobierno federal, a sus pautas y designios, y nada más que hacer.

De paso le echaron la culpa de los malos manejos administrativos, la corrupción imperante y la falta de previsiones financieras que han conducido a la situación actual de angustia en el sector educativo, o sea, que le cargaron los costos y las cuentas de los platos rotos.

El gobernador, por su parte, se mantiene en modo pausado, no se altera, sigue en calma e intenta que, al menos, le hagan una rebaja a ese descuento de participaciones, aún no se sabe en qué porcentaje, pero seguro que lo terminan manejando como el gran logro de su gestión.

Lo cierto es que, en resumidas cuentas, nada de lo que se considera localmente como urgente y de la mayor importancia en materia educativa, incluida la máxima casa de estudios, ocupa la atención de las nuevas autoridades del país.

Es la educación de la Cuarta.

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Es enorme la expectativa que se abre con la cancelación de la Reforma Educativa que se intentó en el sexenio pasado y que para el actual incluye una considerable cantidad de incógnitas.

Entre los asuntos que especialmente llaman la atención está algo que adelantamos en este mismo espacio, me refiero a la cancelación del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), con todo y la autonomía de la cual debería contar, para dar paso a otro tipo de organismos centralizados y de seguro dependientes del Ejecutivo.

Se trata del abierto rechazo de López Obrador a las autonomías y su preferencia por el control directo de las políticas públicas regidas por “una idea”, generalmente contraria a las otras a las cuales considera “conservadoras” y, por lo tanto, su modelo educativo tendrá contenidos, claramente alineados con lo que definen no como una variación sexenal, sino como un “cambio de régimen”, lo que sin duda incluye a los campos educativos y cultural.

Es la educación de la Cuarta.

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Acertijo

Sólo habrá invitados.


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