Alberto Chiu
Alberto Chiu

Se llega el último tramo de este año 2018, el tramo en que al igual que sucede todos los años, una buena parte de los intereses se sitúan en el “ánimo navideño”, las fiestas, las celebraciones de la Navidad y el Fin de Año, y medio mundo se pone nostálgico por algo y festivo por otras cosas. Tiempo de reflexión, dirán muchos otros, y tienen razón.

Así como se tiene la costumbre de recordar y sopesar cómo nos fue este año, seguramente será recordado lamentablemente como uno muy violento, uno en el que la incidencia de crímenes contra las mujeres tomó especial relevancia y resonó hasta el grado de lanzar una alerta de género y condenar, en las calles, los deleznables casos de asesinato de mujeres menores de edad.

Se recordará también como el año en que se rompió varias veces el récord de asesinatos dolosos de mes a mes, y en el que varios elementos de corporaciones policiacas resultaron muertos, además de los diversos ataques a las corporaciones policiacas municipales.

El año en que el tema de las fosas clandestinas, ahora eufemísticamente denominadas “inhumaciones irregulares”, tomó importancia porque nos dimos cuenta de que en muchos puntos de la entidad están enterrados cientos de hombres y mujeres de los que de pronto nunca se supo más. Y las fosas que todavía faltan por localizar… las están buscando los familiares de aquellos que desaparecieron, en una realidad terrible.

El año de un histórico cambio de gobierno, quizá de régimen como muchos lo ponen, acompañado de muchísimas incertidumbres por la forma en la que el nuevo presidente, Andrés Manuel López Obrador, ha tomado sus primeras decisiones en eso que ha llamado “la lucha contra la corrupción y la impunidad”, pero que deja muchas dudas porque aparentemente ha salvaguardado la inmunidad de muchos corruptos de antaño.

Histórico también porque, si bien hay tantas incertidumbres, también hay una esperanza multitudinaria respaldada por 30 millones de votos que le permitieron acceder a la primera magistratura del país. Ojalá esa gran esperanza no se convierta pronto en desesperanza, y acabe por ahogarnos en un mar de inconformidades y desesperación. Y conste que lo expreso, precisamente, en tono de esperanza, de anhelo.

En medio de esa dualidad de incertidumbre y esperanza, volveremos a recordar este cierre de año también por la aparente crisis en que se ha metido al gremio magisterial, a la Universidad Autónoma de Zacatecas y, de refilón, a los sectores económicos del estado, por la falta de recursos disponibles para pagarles sus últimos sueldos del año y sus prestaciones.

Y todavía faltará contar, en las próximas dos últimas semanas del año, los muertos, las manifestaciones, las marchas, los reclamos, y los desencuentros entre los gobiernos federal y estatales; y por supuesto, los desencuentros que tenga finalmente la sociedad con sus gobernantes, que seguramente no serán pocos.

En fin, que sólo espero que el último tramo del año no sea tan traumático como todo lo anterior, y al menos podamos disfrutar de unos momentos de paz en familia y sociedad, preparándonos para el año que entra. Le agradezco el favor de su lectura, y aquí nos leemos entrando enero. Feliz Navidad, feliz Año Nuevo, ¡hasta pronto!


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