Enrique Laviada
Enrique Laviada

Ha sido el gobernador del estado, Alejandro Tello, quien definió la situación actual de las cosas como algo parecido o casi igual a lo que se tiene por definición con el término “traumático”, y no suele acompañarse, por cierto, de buenas noticias.

Para mayores detalles se puede revisar lo sucedido (término periodístico) ayer en el Centro Histórico de la capital, a plena luz del día, cuando sujetos armados dispararon a mansalva en contra de un joven, de quien, como siempre, se sabe nada o casi nada.

Me llama la atención esa imagen captada por fotógrafos comprometidos con nuestra realidad, terrible, en la que una mujer de la tercera edad se mueve entre vallas y cordones de la escena del crimen, a pocos pasos del cuerpo de la persona ejecutada, intenta llegar a su domicilio, quizá renegando de su predicamento, antes inconcebible.

Lo cierto es que el sonido de las balas perturbó la provinciana vida del corazón mismo de la capital del estado de Zacatecas.

Sin remedio aparente.

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En eso estábamos, cuando iniciaba el foro en el que se hablaría de manera abundante de la importancia de Zacatecas como capital del Patrimonio Mundial de la Humanidad, y de sus calles céntricas como testigos urbanos del pasado y del futuro que son propios de una cultura consistente.

Los especialistas, reunidos en tan importante evento, aseguraron que: “el pasado lo hemos trabajado y nos falta aún el juicio que nos haga comprender el presente, los retos que están en el día de hoy, en esta ciudad para que sea habitable, segura, con pleno empleo, y en la que no sacrifique ni su identidad ni su memoria” en aras de una idea de turismo que no es ni adecuada, ni acorde a los sitios considerados Patrimonio Mundial de la Humanidad.

Una expresión limitada y evidente del provincialismo que las nuevas autoridades de Morena profesan, con novedosos lujos, pero archivadas glorias.

Y sin remedio aparente.

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Al mismo tiempo, los estudiantes de la Escuela Normal Rural de San Marcos se atrevían a tomar por asalto todos los accesos a la Ciudad de Gobierno, creando con eso un caos administrativo y una especie de colapso en las labores burocráticas, descritas siempre como propias.

No hay ningún adeudo pendiente con ellos, no hay adeudos de parte de la autoridad, dijo la secretaria del ramo en la entidad, Gema Mercado, lo que existe es un conflicto por la definición de los proveedores de materiales y servicios que se encuentran hasta ahora contratados.

Lo que huele y sabe (se siente) y forma parte de los intereses económicos locales, muy probablemente ligados a redes de corrupción, en este caso, de carácter “revolucionario” (es ironía), que son tan conocidos como lamentables.

Y sin remedio aparente.

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En ese mismo tiempo, el rector de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), ha sido el nominado para el abyecto del año, por su indisposición a luchar, su exclusiva pusilanimidad, además, las peligrosas relaciones que le acompañan, gracias a una “solución pacífica de los conflictos”, que comparten los sonrientes invitados a la mesa del réquiem universitario, a pesar de que alguien “pueda molestarse” por la foto tomada en un restaurante argentino de la capital del país, o sea, nada en verdad de qué alarmarse.

Es más: justo al mismo tiempo, el gobernador Alejandro Tello posaba para los fotógrafos de la fuente parlamentaria, en el marco de una exposición artesanal ubicada en las instalaciones del Senado de la República, para sorpresa de muchos.

Ahí, el gobernador Tello lució el rostro de su peor expresión, quizá del modo más sincero posible o debidamente recomendable.

Y sin remedio aparente.

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Acertijo

Malas noticias.


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