Alberto Chiu
Alberto Chiu

Esta semana es definitiva en torno a los problemas financieros que afectan a Zacatecas, hablando específicamente de los millones de pesos que nos hacen falta –y no tenemos– para acabar de pagarle a los maestros y resolver el cierre de año de la UAZ. Son sólo unos días para que nos demos cuenta si, finalmente, la tajante respuesta del presidente López Obrador (“no hay más recursos, búsquenle”) se convierte en una pesada losa para todos, o si en un momento de “generosidad” (o de lucidez o de acuerdo) sueltan esos millones y nos vamos todos a las posadas mucho más tranquilos, sin pensar en movilizaciones ni huelgas.

Pero ahí no para la cosa. Apenas es el inicio de lo que, en próximos días, seguramente también tendrá muy ocupados (por lo menos) al Ejecutivo y al Legislativo: la negociación y aprobación del Paquete Económico 2019 (Ley de Ingresos, Presupuesto de Egresos y demás miscelánea fiscal), a sabiendas de que justo hace unos días se confirmó que hubo irregularidades en este mismo proceso el año pasado, y que no estamos como para darnos el lujo de cometer otra vez los mismos errores.

Pasado el trago amargo de la actual crisis del “no hay dinero”, es decir, cuando ya sepamos si el dinero nos lo enviará el Gobierno Federal como apoyo, o si lo tendrá que pedir el gobierno estatal como adelanto de participaciones o como préstamo de institución bancaria (pero llegará, eso es seguro), vendrá el momento de la verdad para plantear qué carajos hacer con el dinero el año que entra; cómo se lo gastarán los Poderes; cuánto planean ahorrarse en la famosa “austeridad”; y por supuesto, cómo planean evitar que suceda lo mismo el año entrante.

Así como se ven las cosas en estos días, me parece que la discusión y el abordaje del próximo presupuesto tendrá más o menos la misma tónica que ha tenido la búsqueda de recursos extraordinarios para cerrar el año: a pesar de que todos dirán que buscan el bienestar de Zacatecas “en unidad”, es sumamente probable que cada quien ande por su lado, y que busquen todos a la vez acarrear agua a su molino, pensando que ese molino es el único que existe.

Lo que está (y estará) en juego, lamentablemente, no serán ni las percepciones de la alta burocracia, ni los emolumentos de los diputados, ni los ingresos de magistrados ni jueces. Sí, en cambio, el recurso económico público que, se supone, deberá ir a parar a miles de docentes que, tengo la impresión, iniciarán el año próximo con la misma duda de cada ciclo: ¿habrá dinero para pagarme al final de este 2019?

Hoy todos dicen que “hay que resolver el problema de fondo”; hoy todos presumen que hacen viajes a la Ciudad de México para gestionar recursos (insisto, cada quien por su lado), y al mismo tiempo todos regresan con las manos vacías.

Es increíble la forma en que desperdician el tiempo hablando de unidad, y demostrando que no son capaces de trabajar en un solo equipo. ¿Así trabajarán el próximo presupuesto? De ser así –dicen en mi rancho–… ya valió.


Los comentarios están cerrados.