Enrique Laviada
Enrique Laviada

El actual gobierno que encabeza Alejandro Tello tiene suficientes razones (dicen) para presumir logros en materia de transparencia y encontrarse a salvo de acusaciones directas por actos de corrupción.

Por eso no sorprende que sea el propio mandatario estatal quien se encargue, personalmente, de encabezar la defensa de su buen nombre y comportamiento (no es ironía), con la suficiente frecuencia y frente a las más variadas audiencias.

Para muestra, este fin de semana, en el marco del día dedicado mundialmente a la lucha contra la corrupción, ha sido Tello el principal interesado en demostrar que detesta la corrupción y no hace ronda con pillos.

En sus propias palabras queda registrado que “nadie lo ha llamado corrupto”, y eso es completamente cierto,  (lo he escrito aquí), al menos hasta que se demuestre lo contrario.

De eso pueden dar cuenta, también, organismos calificadores o de vigilancia, tanto locales como nacionales o, incluso, internacionales, es cierto.

Es para presumir.

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Sin embargo, las cosas se complican (y no poco), cuando a renglón seguido, el gobernador Tello afirma que “tampoco es solapador de funcionarios”, lo que vale, quizá, para lo que va de su administración, pero no cuenta en lo que a sus relaciones pasadas se refiere.

Ahí, lo que salta a la vista es un Tello en el papel de actor involuntario (es ironía) de un sexenio, al cual estuvo estrechamente ligado, que se distingue (no es ironía) por su alto grado de corrupción.

Las fatídicas relaciones entre Tello y Miguel Alonso deben ser, pues, asumidas por alguien, no puede quedar en el aire la responsabilidad que a cada quien le corresponde.

A menos que el actual gobernador quiera cargar con todos los costos de las triquiñuelas, fraudes, quebrantos, abusos y satrapías financieras que abundaron en los tiempos glamorosos del alonsismo (cualquier cosa que eso signifique) y que son la explicación de muchos de los padecimientos presentes de nuestro estado.

Y completamente falso que hagan falta las denuncias correspondientes, pues ha quedado consignado que diversos personajes de la vida pública han interpuesto sendas demandas penales ante la Fiscalía del estado, cuyo destino es (y podría seguir siendo) la “congeladora” de los asuntos que no conviene resolver.

Ahí es donde Tello aparece, exactamente como lo que no quiere ser, es decir, como un “solapador”, de ex funcionarios como el tal Miguel Alonso o Fernando Soto (ya inhabilitado), por  citar un par de (malos) ejemplos, quienes, sin la menor preocupación, se pasean hartos de felicidad y hacen alarde de su posición actual, burlándose de la opinión pública.

Por cierto, las causas penales en contra de los arriba mencionados, han sido presentadas por personajes representativos de la llamada “cuarta transformación”, o sea, cuentan con el respaldo de Morena, lo que se antoja suficiente como para llamarlos ante la justicia.

Como se sabe, tanto la senadora Soledad Luévano como el diputado local Omar Carrera han reiterado que, para Alonso y sus secuaces, no habrá “ni olvido ni perdón”, y ponerse en medio para defenderlos no creo que sea la mejor misión de Tello, ni la de antes ni la de ahora.

No es para asumir.

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Acertijo

Atraer o tomar para uno, algo que le corresponde a otro.


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