Alberto Chiu
Alberto Chiu

Durante la conmemoración local del Día Internacional de los Derechos Humanos, la titular del organismo correspondiente en Zacatecas, María de la Luz Domínguez Campos y la Fiscal Especial del rubro Martha Berenice Vázquez González, hicieron declaraciones fuertes: hay una crisis de violación de los derechos humanos en el país. Y por supuesto, también en Zacatecas.

Es cierto que en los últimos años ha sido bueno el esfuerzo de los Ombudsman por convencer a la población de que es a través de la denuncia que se puede incidir para que las comisiones de Derechos Humanos hagan las famosas “recomendaciones” a instituciones públicas como los ayuntamientos, las corporaciones policiacas, etcétera, en el ánimo de señalarles tanto la violación de los derechos, como alguna posible exigencia de solución o sanción.

Sin embargo, esos mismos esfuerzos me parece todavía no fructifican del todo, pues aún hay un buen porcentaje de la población que considera, por ejemplo, que en realidad las recomendaciones emitidas por la comisión tienen el mismo efecto que las llamadas a misa (las atiende quien quiere), o que incluso en los casos extremos, la comisión llega a “defender” más a un presunto responsable de delito, que lo que se defiende a la víctima del mismo.

No han sido pocas las veces que hemos escuchado amargos reclamos contra quienes se supone son defensores de la sociedad en contra del abuso de la autoridad (civil o militar, conste), pero sobre todo los reclamos aparecen cuando al menos aparentemente no surten ningún efecto: no se castiga a policías o funcionarios que dañaron de alguna manera al ciudadano, no hay sanciones ni económicas ni de pena corporal, y muchas veces ni siquiera se inicia un proceso legal en contra de los presuntos “violadores de derechos”.

Por mucho que se haya discutido hasta el momento la posibilidad de darle “más dientes” a las comisiones de Derechos Humanos en el país, es decir, más facultades para sancionar y enderezar procedimientos o procesos legales contra quienes abusan de la ciudadanía, creo que al tema todavía le falta muchísimo por discutirse, muchísimo por aprender de legislaciones internacionales, y muchísimo más por concientizar a la población de su importancia y, por tanto, su conocimiento.

Porque en estos momentos, todavía nos encontramos personas, presuntas víctimas de violación de sus derechos por parte de la autoridad, que se niegan a quejarse ante la comisión, o ante cualquier otra autoridad, por la sencilla razón de que tienen miedo de las represalias. Y así, no se puede fomentar ni la cultura de la denuncia ni la cultura del respeto a los derechos.

Sí, una buena parte de la responsabilidad es de la sociedad en su conjunto. Así que ojalá los actuales planes educativos desde el nivel básico, además de la enseñanza sobre los Derechos Humanos, contemplen también la formación de conciencias de los alumnos para respetarlos y hacerlos respetar y defender, pues son básicos para la convivencia entre los pueblos, y si no tenemos niñas y niños que lo sepan, no tendremos futuro.


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