Enrique Laviada
Enrique Laviada

Así es como les quitó atribuciones a sus “súperdelegados” (el mismo que las había otorgado), es decir, el presidente López Obrador, siempre capaz de hacer y deshacer de acuerdo con sus propios designios, entre lo que no es razonable y lo que sí lo es.

Eso ha quedado en claro cuando, primero, se les asignó participación en asuntos tan delicados como los relativos a la seguridad pública, fueron muchas las voces que se alzaron para expresar no sólo el asombro, sino el temor a que personas sin la capacidad y la formación que son especialmente necesarias en esos menesteres para que, aún a pesar de ello, tuvieran un papel protagónico en las entidades del país.

No sonaba razonable.

La mayoría de los gobernadores se sintieron marginados o, incluso, excluidos de una responsabilidad enorme, al respecto de la cual, sabían muy bien, se remitiría buena parte de su función gubernativa, lo que indicaba que, al ser literalmente “pintados en la pared”, tendrían que cargar con las consecuencias, sin deberla ni temerla.

Otros mandatarios, en cambio, prefirieron aceptar las indicaciones del presidente, sin mayores aspavientos (es el caso de Alejandro Tello), celebrando la mayor injerencia de la Federación para afrontar los enormes problemas de inseguridad, casi se podría decir que resignados a lo que el gobierno central pudiera hacer, al verse prácticamente rebasados por los grupos delictivos.

Sonaba razonable.

…………………………………….

Sin embargo, la presidencia se mantuvo en su punto y los llamados “súperdelegados” fueron capacitados (al vapor), se les entregaron manuales de funcionamiento, algunos se entusiasmaron sobremanera y otros se resignaron a participar de algo que les era completamente ajeno (es el caso de Verónica Díaz), se les asignó la función de secretarios técnicos en la coordinación de los estados y, sobre todo, el papel de enlace directo con el presidente.

No sonaba razonable.

De tal suerte que, al llegar a la primera reunión de López Obrador con la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), ése fue uno de los puntos delicados a tratar, con expresiones claras en el sentido de que lo planeado podría ser violatorio de la Ley, que atentaría contra la soberanía de las entidades e, incluso, llegaría a vulnerar la confianza que es necesaria para el diseño y la aplicación de las estrategias de seguridad, en fin, que era inadmisible.

Sonaba razonable.

Supongo que si el presidente López Obrador hubiese actuado de manera irreductible para imponer a sus representantes, tendría a estas alturas frentes abiertos de manera innecesaria y, por tanto, sin mayores discusiones, de un plumazo, les quitó las atribuciones indebidas y redujo al mínimo su papel en materia de seguridad; hacer lo contrario era mucha necedad.

No sonaba razonable.

Para bien de los estados, creo, la rectificación del presidente ha sido un acierto, los gobernadores que antes se habían inconformado y protestado airadamente, al final salieron conformes y, según las imágenes captadas al final de la reunión de la Conago, quedaron hasta satisfechos y contentos.

Era razonable.

……………..

Acertijo

De lo malo, lo rescatable.


Deja un comentario