Enrique Laviada
Enrique Laviada

Ayer publicamos que la Suprema Corte de Justicia de la Nación invalidó por completo el paquete económico de Zacatecas, correspondiente al año que transcurre, y de verdad me sorprendió la ligereza oficial con la que fue tomada la resolución.

Mediante un boletín de prensa el gobierno quiso minimizar lo sucedido aclarando (es ironía) que el Ejecutivo “no ha sido notificado” en referencia a un “amparo” promovido en su contra sin que se esperasen consecuencias graves.

No tardó en intervenir Jorge Miranda para, en su peculiar estilo, asegurar que la resolución tomada por la Corte era como “si hubieran sentenciado a cadena perpetua a una persona que ya murió”, muy orondo (no es ironía).

Pero también se puso serio (un poco) y concluyó (Miranda) que, de todos modos, debería tomarse con “la seriedad y la responsabilidad que atañe al caso” y se subsanaría todo cuanto fuese necesario.

Al fin y al cabo, dijo, la resolución no podría ser retroactiva y, por lo demás, lo acordado por la máxima instancia del Poder Judicial era muy respetable y hasta bienvenida la lección de los ministros.

Muy orondo.

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Sin embargo, casi al mismo tiempo, la senadora por Morena, Soledad Luévano, aseguraba que el gobernador Alejandro Tello “por ese afán de recaudar atropellando a todo mundo… acababa de hacer el ridículo a nivel nacional” y le exigía que devolviera voluntariamente los impuestos que se cobraron con leyes inconstitucionales, además de que debería garantizar que el próximo año no se repitiera lo que llamó un “pillaje fiscal”, que debería asumir el fiasco con dignidad, le dijo a través de las redes sociales.

Esta vez era la Corte Superior la que le daba la razón a quienes en su momento cuestionaron los procedimientos utilizados por el gobierno del estado para aprobar todo cuanto les vino en gana en materia económica, tal vez pensando que el mundo no se movería y no les tocaría cambio alguno en la correlación de fuerzas.

Se equivocaron.

Los ministros del Poder Judicial federal zarandearon literalmente a la mayoría del PRI en el Congreso local, les reprocharon legalmente que no hubieran atendido a los reclamos de sus opositores, ocultaran procedimientos, cambiaran convocatorias, manipularan el orden del día de las sesiones e impusieran su voluntad sin siquiera darle tiempo y oportunidad suficiente al debate parlamentario.

Se equivocaron.

Han sido los integrantes de la Corte los encargados de dar lecciones de democracia a un gobierno y una mayoría que actuó como una aplanadora, sin medir las consecuencias negativas a futuro de su conducta.

Se equivocaron.

Pero en lugar de reconocerlo, los burócratas financieros, los ex diputados, los reelectos y los dirigentes priístas, se justifican unos a otros, sólo logrando poner en mala posición al propio gobernador, y para no variar sin miramientos.

Se equivocaron.

Al final, el resolutivo de la Corte ratifica su desaprobación a los procedimientos utilizados, no hay medidas punitivas en contra del gobierno de Tello, pero el escarnio público es inevitable y todavía hay quien afirma que volverán a equivocarse.

Tal vez no aprendan la lección.

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Acertijo

Hay complejos, como el de superioridad, que suelen ser tan desastrosos como duraderos.


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