Jenny González Arenas
Jenny González Arenas

El 10 de diciembre de cada año es el día de los Derechos Humanos, porque fue aquel año de 1948 en el que se firmo la Declaración Universal de Derechos Humanos, con la intención de que se convirtiera en la guía del actuar de los Estados frente a sus representados, la humanidad tenía ahora un documento en el que se plasman una serie de principios que, de forma general, señalan en frases cortas valores universalmente válidos.

Los derechos humanos enunciados en la declaración, son principios vivos, en constante evoluciones, que se adaptan a las transformaciones sociales, que no pierden vigencia a pesar de haber transcurrido ya 70 años de su redacción, porque la interpretación enriquece y fortalece su vigencia, en lugar de retroceder o quedarse en el pasado.

A pesar de haber pasado ya casi 70 años, muchos de los derechos ahí consagrados siguen siendo una aspiración, una ilusión para muchas personas que siguen viviendo en regímenes autoritarios, donde la libertad de expresión o de manifestación de las ideas no llega mas allá de un enunciado; o en lugares en donde la economía no permite hacer efectivos los derechos económicos, sociales y culturales; ni qué decir de sociedades en las que muchos derechos y libertades son sólo una aspiración.

En estos momentos de transición en nuestro país, fechas como esta recobran más importancia de la que tienen en el orden mundial, porque además de generar expectativas generan el fervor de exigir al que inicia su mandato que no sólo cumpla sus promesas de campaña, sino que repare los errores que otros han cometido, no porque sea su responsabilidad, sino porque es la institución que representa y ahí es donde vienen las responsabilidades.

A pesar de que sean las personas que representan las instituciones quienes den las órdenes que violentan los derechos humanos, también es cierto que se hace con el grado de responsabilidad que la institución enviste y por ello no se puede permitir que la responsabilidad acabe en el momento que termina el mandato, por lo que se debe asumir, junto con el cargo, la responsabilidad que le corresponde de las acciones de los mandatarios pasados.

Los derechos humanos son responsabilidad de todos, no sólo de las autoridades, en este proceso evolutivo, en esta progresividad, ya los particulares son también potenciales violadores de derechos, las autoridades garantes de que ni sus propios agentes ni los particulares violenten los derechos de nadie.

Este largo camino que han recorrido los derechos humanos, por 70 años ya, no ha sido fácil, tampoco ha concluido la travesía, cada vez son más los derechos que se violentan en diversos lugares y de diversas maneras a diversas personas y eso es, precisamente, lo que obliga a que se siga hablando, estudiando y redactando normatividad sobre el tema, que permita ir limitando las acciones que los agentes del estado y los particulares realizan para que los actos que son violaciones a derechos humanos no lo parezcan.

Son 70 años que se dicen como un logro, pero que en realidad han representado un reto que no se ha podido lograr, un anhelo de la población que no se consolida como realidad, por el contrario, sigue siendo intangible y por lo tanto exigible, porque mientras no se respeten, las autoridades siguen siendo imputables por las violaciones a derechos humanos.

La globalidad, la gobernabilidad, el autoritarismo y la falta de humildad, entre otros, son temas que afectan de diversas formas el ejercicio de los derechos humanos y se tienen que abordar para avanzar en la efectividad de los derechos.


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