Enrique Laviada
Enrique Laviada

Ya pasaron unos días y, sin embargo, no dejan de retumbar las palabras del gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, quien se expresó, firme, en abierta discrepancia con Andrés Manuel López Obrador, en especial por su pretensión manifiesta de imponer en los estados la figura de los llamados súperdelegados.

Allá se ha perfilado a Carlos Lomelí para ser el encargado de “supervisar los programas sociales y bajar la forma de gobernar” (en serio así lo plantean) del próximo presidente, de modo que coordinará 83 delegaciones federales en la entidad, además de ser el representante del Ejecutivo federal para los asuntos de seguridad pública y ocupará un lugar en la mesa de coordinación.

Vale aquí recordar que Lomelí, recién llegado a Morena, fue adversario electoral de Alfaro en la reciente contienda.

La postura de Alfaro fue, creo, bastante contundente: “El gobierno de la República puede plantear un nuevo modelo en materia de seguridad, sí, pero ni el gobierno de la República, ni la Cámara de Diputados puede pisotear la Constitución del Estado de Jalisco” y su declaración la hizo con el respaldo de presidentes municipales, autoridades universitarias, representantes de asociaciones civiles, empresarios y legisladores locales, “no vamos a ser invitados en la mesa de coordinación”, dijo.

Y fue más allá, al reclamar que “un presupuesto debe ser entendido como un instrumento nacional de desarrollo y no solamente como orientador del gasto federal” para documentar la preocupación de las políticas y formas de proceder de López Obrador que “lastiman el pacto federal” y exhiben odiosas tentaciones centralistas.

Para rematar, Alfaro se refirió al anunciado “perdón” de López Obrador a los corruptos y aseguró: “En Jalisco vamos a castigar a los corruptos con o sin el aval del gobierno federal. En Jalisco los corruptos irán a la cárcel, no de vacaciones”.

Todavía retumban esas palabras.

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Mientras tanto, el gobernador Alejandro Tello, ha declarado que no se dedicará a otra cosa más que a colaborar con las nuevas autoridades federales, le dio la bienvenida a la figura de los súperdelegados y se mostró complacido con la buena voluntad que existe, dijo, para ayudar a Zacatecas.

Aquí la representación presidencial estará a cargo de Verónica Díaz, actual diputada local (plurinominal) por Morena, quien carece de la experiencia y los conocimientos necesarios para asumir una tarea tan compleja como la de reorganizar la representación presidencial, algo así como 58 delegaciones federales.

El solo anuncio de que también tendría en sus manos los muy complicados asuntos de la seguridad, simplemente causó espanto, más del que ya tenemos.

Se sabe por trascendidos que Díaz tiene mal carácter y una considerable soberbia, al grado de no sólo poner al gobernador en calidad de “invitado en la mesa de coordinación”, sino algo peor, como que “si no acude no importa, no pasa nada”.

En Zacatecas, el gobernador ha preferido no chocar con López Obrador, al contrario, cambió hasta el lema de su gobierno de “Trabajemos Diferente”  (todavía en la era de la prepotencia del “estado más priísta del país”), por el “Trabajemos Unidos” (en la era de su debacle política),y exhibe un sometimiento tácito y la ilusión de que su “buen comportamiento” será la mejor forma de lograr recursos para la entidad y sobre todo salir bien librado (ya piensa en el final del quinquenio).

En contraste, el gobernador Tello aparece frecuentemente solo, no hace filas con los universitarios, los empresarios le reclaman en corrillos su distanciamiento, no cuenta con un grupo de legisladores leales, los tres principales ayuntamientos quedaron en manos de Morena y aunque hay bastantes legisladores federales de origen zacatecano no ejerce liderazgo alguno y ya se percibe el tufillo de los intereses que son propios de una sucesión adelantada.

La preocupación por cualquier alteración del pacto federal no está entre las preocupaciones de Tello, ni mucho menos que Verónica Díaz pase encima de la Constitución cada vez que se le pegue la gana, porque simplemente no le interesa ni le incumbe.

Por último, a Tello lo persigue la sombra de Miguel Alonso y su escandalosa corrupción, pero aquí los corruptos no están ni estarán en la cárcel, pero sí andan de vacaciones.

Todavía ríen.

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Acertijo

Hay muchas formas de perder el equilibrio.


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