Enrique Laviada
Enrique Laviada

Claro que sí, estimado lector, seguro que le suena, me refiero al ex funcionario del sexenio de Miguel Alonso que recientemente contrajo nupcias en una tan suntuosa como costosa ceremonia, realizada en las hermosas playas de Cancún, al estilo, dicen, de los nuevos ricos.

Se trata de Fernando Soto Acosta, quien tomó posesión como secretario de Finanzas a principios de 2012, en aquellos tiempos relucientes del “estado más priísta del país”, poco después de que dejara el cargo Alejandro Tello para contender por un escaño en el Senado, todos tan felices y contentos.

Para entonces parecía que en Zacatecas la frivolidad sexenal y la corrupción reinaban sin limitaciones ni contrapesos que pusieran en peligro los planes de un grupo incrustado en las estructuras del PRI, bien dispuesto a utilizar a “su partido” hasta el extremo mismo de la impunidad.

¿Le suena?

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Y, en efecto, todo indica que nuestro recién casado fue quien se encargó de organizar con poco escrúpulo (es ironía), pero con suficiente eficacia (no es ironía), un auténtico saqueo del erario estatal, sin contemplaciones ni miramientos.

El plan incluía la realización de operaciones simuladas mediante el consabido uso de empresas fantasma, la contratación de servicios bancarios con comisiones y tasas de interés exorbitantes e injustificadas, la utilización de recursos públicos no devengados, entre otras linduras propias de aquel inolvidable sexenio.

Varias fueron las voces que desde la oposición (érase lo que se era) señalaron tales desvíos y el tremendo daño que hacían a las arcas públicas y al patrimonio estatal, pero siempre fueron literalmente ignoradas.

Incluso dos de los otrora combativos legisladores (es ironía), primero Soledad Luévano, y más tarde Omar Carrera, interpusieron sendas demandas penales en contra de Fernando Soto Acosta, en las que se incluía, desde luego, la responsabilidad directa de su jefe, es decir, del tal Miguel Alonso, designado como director de Fonatur, dependencia donde todavía se agazapa.

¿Le suena?

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Es hasta mediados de este 2018, luego de un largo y tortuoso proceso administrativo, cuando la actual titular de la Secretaría de la Función Pública, Paula Rey Ortiz, hace del conocimiento público la determinación de sancionar al tal Fernando Soto Acosta, con veinte años de inhabilitación para ocupar cargo público alguno.

Si a estas alturas no se repone, mi estimado lector, de la impresión (es ironía), debo decirle que esa sanción obedece exactamente a las mismas irregularidades e ilícitos por los cuales se le había señalado años antes, sin que nada pasara.

Por cierto que, en una de esas extrañas decisiones del actual gobernador, Alejandro Tello nombró recientemente al hermano del interfecto, otro tal Federico Soto Acosta, ni más ni menos que como coordinador General Jurídico, (dudo que se convierta la inhabilitación en causa penal) por lo que a todas luces resulta un conflicto de intereses.

Quizá eso sea lo que explique tanta diversión en la boda, tanta tranquilidad para él y sus cómplices, tanta burla desde lejos en el disfrute de los bienes y riquezas que provienen no de su esfuerzo ni de su trabajo, sino de la más vil corrupción, y sin medida.

¿Le suena?

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Acertijo

Cuánto columpio.


Nuestros lectores comentan

  1. una nota para no olvidar y seguir evidenciando las grandes corruptelas del anterior gobernador que no ha sido hasta ahora posible sancionar con el gobierno diferente que nos rige, nombrando a hermanos de inhabilitados por 20 años, vaya manera de dirigir al estado, lástima por ti Zacatecas y por nosotros

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