DANIEL CORTÉS CARDONA
DANIEL CORTÉS CARDONA

La cíclica y ansiada idea liberadora del fin de semana que me invade, como supongo invade a la mayoría de las personas que decidimos voluntaria o involuntariamente cargar el grillete de la monotonía semanal, ya sea laboral o escolar, se presenta desde el jueves en la noche, esperando que la siguiente jornada, que está por comenzar, pase rápido.

El fin de semana será fugaz, son sólo dos días de, al menos, sentirse fuera de la servidumbre. Sábado por la mañana, mi sobriedad y mi abstencionismo me permiten amanecer de la mejor manera; físicamente bien, emocionalmente estable; en los pensamientos comienzo a fabricar los planes de todas las actividades sabatinas, las que entre-semana generé como ideas vagas.

Un almuerzo que no es nada gourmet: los típicos frijoles acompañados de los típicos nopales en salsa verde, nada diferente a otros hogares de clase media en México. Es un desayuno normal, pero nada común; hoy no hay que almorzar fuera de casa, no hay que comer con prisa. El tiempo da para leer, claro, leer de política; la política es vida, los políticos muerte. Puedo poner música, hoy es música jamaiquina, es sábado, hay recital musical, es ska el género musical jamaiquino que revolucionaría la música en la isla caribeña y es una influencia para el mundo a finales de la década de los años 50 y su auge en la década de los 60.

La motivación del fin de semana comienza a sentirse en una ciudad donde la música popular es el género banda y donde hay limitados espacios donde disfrutar de géneros alternativos y mas con un grupo en vivo, es causa de emoción para un amante de la música que nació con artistas como Alton Ellis, grupos como The Wailers, e impulsada por disqueras independientes como Trojan Records.

Además, es sábado de futbol televisado, el opio del pueblo, puede ponerle el adjetivo que usted quiera, la catarsis liberadora para la frustración de muchos, para mí un sentido identitario y de pertenencia. Ganamos ¿Ganamos? Sí, ganamos, no estuve en el estadio, no pise la cancha, pero me siento parte de, me provoca alegría, es alegría efímera, pero me hace feliz, ¿porque habría de renunciar a ello?

Este sábado todo se conjuga perfectamente, compañía de colegas y amigos; unos ven un juego, algunos vemos otro, afortunadamente hay dos televisiones, las televisoras siempre ganan, dejamos por 90 minutos a un lado las charlas de política.

Es una noche especial, compartimos el gusto por la música jamaiquina, el futbol e ideas políticas, tratamos de emular a los skin heads ingleses, que disfrutan de futbol, una vez más el sentido de pertenencia y la búsqueda de una identidad que ayude a forjar nuestra particular individualidad se ve presente. Son, somos, chicos que en fin de semana usan sus mejores prendas para ver futbol, escuchar reggae & ska, lejos de Inglaterra y Jamaica, sintiendo formar parte de algo que no es propio de sus lugares de origen, “apropiación cultural”, pero hay una identificación, música y movimientos sociales, así como tribus urbanas que nacieron de la unión y mestizaje de dos culturas (inglesa & jamaiquina) encontrando en ello, la afinidad de la lucha contra el racismo.

El consumo de alcohol por parte de los compañeros aun no causa estragos en su razonamiento, podemos retomar las charlas políticas e ideológicas, aquí nadie es de derechas o corrientes políticas distintas; pero coincidimos en las libertades, soñamos con cambiar el mundo, somos conscientes que no lo lograremos, pero una causa no se vuelve injusta por la derrota, la gran revolución no llegará, al menos no ahora. Nos preocupa, en estos días, el avance inminente del Fascismo en Europa y Latinoamérica; nos importa el bienestar común y la libertad, tan subjetiva y utópica.

Nos abrazamos, fue un fin de semana de estar con personas por las que sientes cariño, no sé cuándo volverá a repetirse un fin de semana en el que tantas cosas se conjuguen para hacerlo inolvidable, queda el recuerdo y por algunas horas me sentí liberado. No todos los días se puede bailar, pero vale la pena vivir para esperar a hacerlo una vez más, sentirse triunfador y abrazar a un colega. Comienza la semana, ansió el próximo fin, no será igual al anterior, hay que vivir en civilidad y cumplir el rol social.

Un relato de un fin de semana, de una persona promedio, nada maravilloso ni espectacular más que en lo individual.

 

*Asiduo lector y reseñista de lo cotidiano

 


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