CARLOS ERNESTO AGUILERA ARELLANO
CARLOS ERNESTO AGUILERA ARELLANO

Con una cámara Rolleiflex y un diario de anotaciones que adoptó, Pierre Verger se convirtió en un fotógrafo considerable y completo de etnias de vastas culturas históricas globales, también es un referente por estudios antropológicos y etnológicos a nivel perceptivo del mismo Claude Lévi Strauss.

“La sensación de que había un vasto mundo era constante y el deseo de ir a verlo me llevaba hacia otros horizontes”, decía el mismo Verger, deseo que lo llevó a recorrer vastas ciudades de todo el globo terráqueo. Desde las provincias socialistas de la Unión Soviética hasta los paisajes soleados de España y las verdes praderas de Italia. Posteriormente recorrió el Mar Atlántico para llegar, por la vía del puerto de Veracruz, a tierras mexicanas, donde visitó comunidades del sur del país, desde poblados en Guerrero hasta las costas de Mérida. Incluso la lejana Monterrey fue parte de su recorrido; Verger y su lente también llegaron a recorrer regiones asiáticas, desde Japón, China, Vietnam, las Islas Filipinas y el Reino de Camboya, donde conoció la sabiduría del budismo. No hay una cronología de sus trayectos. Parma, Florencia, los canales de Venecia, Bolonia; pareciera que todos fueron parte de uno mismo.

Pierre Verger nació en París en 1906, perduró casi todo un siglo, pues encontró la muerte a los 90 años. Desde el primer tercio de su vida entendió que su destino era dedicarse a la fotografía. Recorrió ciudades y poblados del viejo continente y se aventuró en el nuevo con la intención de “asomarse a un tiempo anterior a la historia instalado en el corazón del presente”. Tal como lo hizo Francisco Goitia con la plástica de los paisajes de los poblados indígenas, así como en el modo de vida ascético, Verger se dedicó a fotografiar lugares y costumbres, incluso hasta imitarlas. Similar también a B. Traven, al insertar su narrativa de la cotidianidad de la ruralidad de la época, y tal cual como el fotógrafo Manuel Álvarez Bravo, que al igual que Verger con una cámara logró captar escenas de los indígenas en los ritos religiosos y actividades comerciales comunes.

Quizá el primer contacto con la República Mexicana fue a través de Laurette Séjourné y Jacques Soustelle, arqueólogos franceses especializados en las civilizaciones precolombinas. En 1934 montaron en el Musee d’Ethnographic una exposición sobre otomíes, investigación que Verger presenció y fue curador. Visitó México en tres ocasiones. En 1936, 1939 y 29 años después, en 1958. En sus dos primeras visitas capturó comunidades indígenas del sur de la República, que pueden consultarse en su fototeca oficial en línea o en el magno compilado titulado “Pierre Verger en México”. En la última tuvo una gira con las amistades que había sembrado en el país –como la fotógrafa Lola Álvarez Bravo; su colega antropólogo, Guy Stresser Pean; el artista Juan O’Gorman, y el arqueólogo danés, Frans Blom– y múltiples personalidades más. Su cámara fue utilizada poco a comparación de su diario de apuntes.

El objetivo de este breve escrito es presentar al lector al fotógrafo, que estuvo a la altura de otros nacionales como los dos Bravo –femenino y masculino–, Tina Modotti, Guillermo Kahlo, Manuel Ramos o el mismo Enrique Metinides –en el sentido de capturar parte de la cotidianidad mexicana–; Pierre Verger tiene un lugar dentro de la historia fotográfica del país, pese a que su producción fue brevísima a comparación de todo su trabajo vitalicio. Para el curioso fanático de la fotografía, la obra de Verger es impresionante, ya que sus capturas son contrastantes de una región del mundo a otra, desde la cultura africana hasta el tropicalismo de las tribus brasileñas. Para el investigador o antropólogo moderno puede servir para una vista en primer plano de las culturas indígenas predominantes en el siglo 20. Toda su obra y fotografías están libres a su consulta en la página oficial de la fundación que lleva su nombre: http://www.pierreverger.org

 

*Investigador independiente.

Ahora vive una estancia en Monterrey

 


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