SAÚL ORTEGA
SAÚL ORTEGA

Santo Santiago, patrono de quienes viven en la comunidad de Los Sedanos en el municipio de Tlaltenango de Sánchez Román, quedó estampado en el cerro del Campanario quizá por un milagroso capricho de la naturaleza, quizá por ser un mensajero divino que lleva esperanza a los habitantes de esta región del estado.

Para algunos la celebración tiene cientos de años, poco después de la fundación de Tlaltenango, para otros no tiene más de cien años, en ambos casos la fe y devoción a Santo Santiago es la misma, la representación tiene el mismo significado de vencer al mal a toda costa y llevar la palabra de Dios a todos los rincones del mundo.

Ésta es una celebración dirigida al pueblo de Los Sedanos y en la que sólo pueden participar los hombres jóvenes y viejos de la comunidad, las mujeres se convierten en simples espectadoras de la adoración al santo.

Desde mediodía los jóvenes comienzan a prepararse, buscan en sus roperos ropas de mujer para vestirlas durante la celebración, también maquillan sus rostros de manera grotesca y exagerada.

Las horas transcurren en Los Sedanos, los aromas del pipián, del arroz, de los frijoles comienzan a vestir las empolvadas calles del lugar.

En la plancha principal los niños corren, algunas mujeres instalan puestos con bisuterías y juguetes (deben aprovechar la ocasión para conseguir un poco más de dinero), los jóvenes ya vestidos de mujer recorren las calles sin vergüenza, orgullosos de celebrar a Santo Santiago.

Al filo de las 17 horas, los jóvenes disfrazados de mujer, mejor conocidos como los Montaches, se reúnen junto a una cruz instalada en el cruce principal del pueblo, de ahí parten encabezados por una carreta jalada por un burro para llegar a la plaza donde celebrarán a Santo Santiago.

En la plaza principal la música suena, los aromas de la comida se intensifican, los Montaches llegan mientras otro grupo de jóvenes con máscaras de viejos los esperan para iniciar una danza que no sigue el ritmo de la música.

Los Montaches se desenfrenan, ruedan por el piso, fingen peleas… Los espectadores ríen, se divierten.

Dos sillas aparecen en el escenario, detrás de ellas las únicas mujeres en el festejo: la reina y su princesa con sendos folders en la mano se posan delante de las sillas y comienzan una entorpecida lectura del libro del Éxodo y recuerdan los últimos días de Moisés antes de llegar a la tierra prometida: Israel.

Entre capítulos, los Montaches bailan, se pelean, ruedan por el piso, divierten a la gente. Al terminar la lectura bíblica, Santo Santiago aparece montado a caballo para dar inicio a la férrea lucha por evangelizar la tierra prometida.

Una improvisada obra teatral donde lo único que cuenta es la fe y no ser un gran actor.

Los Sedanos está de fiesta, la noche cae y con ella la Luna llena ilumina el templo, recién pintado, que recibe a las mujeres que rezan el rosario y, a las puertas del templo, un grupo de matlachines danza para rendir tributo a Santo Sanitago.

En la plaza principal la música suena, el pueblo comienza el baile. Los Montaches se han marchado hasta el año entrante, cuando Santo Santiago pida a sus fieles una nueva celebración.

 

*Periodista.

El Diario NTR


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