MINERVA ANAID TURRIZA
MINERVA ANAID TURRIZA

Hay un diminuto reino en mitad del mar, se llama Redonda, y su monarca, Xavier I, es mejor conocido como Javier Marías, escritor español. Para quienes se pregunten sobre la existencia física de este lugar es preciso aclarar que Redonda es una isla, dependencia de Antigua y Barbuda. El banquero Matthew Shiell la compró en 1865, solicitó el título de “Rey de Redonda” a la Reina Victoria y le fue concedido a condición de que no instrumentara ninguna política opuesta a los intereses británicos.

La peculiar línea sucesoria y su historia son bastante pintorescas y pasan por varios escritores hasta llegar al actual monarca; sin embargo, existe una disputa sobre su legitimidad y hay otras tres personas que reclaman el trono: Max Leggett, Robert Williamson y William Leonard Gates, quien reconoce a Javier Marías como el albacea literario de los primeros reyes, nada más.

Xavier I ha otorgado títulos nobiliarios a distintas personalidades como: Pedro Almodóvar, Pierre Bourdieu, Francis Ford Coppola, Umberto Eco, Milan Kundera, Juan Villoro y Arturo Pérez-Reverte, entre otros. Quien desee conocer más detalles sobre la historia de la isla y los vericuetos sucesorios que llevaron a Marías a obtener el título puede leer Negra espalda del tiempo; aunque por lo general a sus lectores les interesan más los goces y sufrimientos que provoca su faceta como autor de obras literarias.

 

Una de las más famosas, al grado que casi podríamos llamarla imprescindible, es Mañana en la batalla piensa en mí (1994), una novela con un arranque impresionante: “Nadie piensa nunca que pueda ir a encontrarse con una muerta entre los brazos y que ya no verá más su rostro cuyo nombre recuerda. Nadie piensa nunca que vaya a morir en el momento más inadecuado a pesar de que eso sucede todo el tiempo, y creemos que nadie que no esté previsto habrá de morir junto a nosotros. Muchas veces se ocultan los hechos o las circunstancias: a los vivos y al que se muere –si tiene tiempo de darse cuenta– les avergüenza a menudo la forma de la muerte posible y sus apariencias, también la causa”.

 

Víctor Francés, escritor fantasma y guionista de poco éxito, cena en casa de Marta Téllez, una mujer casada cuyo marido se encuentra de viaje. Justo cuando están por consumar el adulterio, ella sufre un repentino malestar y muere. Víctor cae en pánico y huye, dejando en casa al hijo de Marta, un pequeño de dos años, único testigo de su presencia en el lugar. El protagonista llevará esa muerte sobre su espalda, a pesar de no haber cometido ningún crimen, y pasará mucho tiempo tratando de averiguar qué pasó tras su huida, cómo reaccionó el marido ausente, qué fue del niño… En esta búsqueda acaba trabando relación con algunos familiares de la difunta.

La frustración, la culpa, la duda, la obsesión, el engaño y la traición, sus causas y qué tanto hay de azar en los sucesos, son cuestiones centrales de este relato, ganador del ya desaparecido Premio Fastenrath de la Real Academia de la Lengua y del Rómulo Gallegos, que nunca antes había sido otorgado a un español.

 

El estilo del Marías es peculiar y reconocible, se apoya en la repetición constante de palabras, frases e ideas, narración más bien densa, ritmo pausado y pocos diálogos. Escribe oraciones increíblemente complejas que abarcan tranquilamente 10 o más renglones y párrafos igualmente largos que llegan a ocupar páginas enteras. Por ejemplo, el párrafo inicial de Corazón tan blanco va de la página 19 a la 24 en la edición de bolsillo. Además, sus personajes mantienen enormes monólogos internos, van por caminos sinuosos no tan fáciles de seguir, reflexiones con múltiples interconexiones donde una cosa lleva a la otra. Conviene recordar que el pensamiento no es lineal.

 

Otro sello del escritor son las referencias a William Shakespeare, con frecuencia incluye largas citas, literales o libres, de obras del dramaturgo dentro de sus novelas, de las cuales un gran porcentaje llevan por título alguna frase shakesperiana. Mañana en la batalla piensa en mí pertenece a las pesadillas de Ricardo II: “Mañana en la batalla piensa de mí, caiga tu espada sin filo: desespera y muere”.

Su Majestad, Javier Marías, se ocupa de los aspectos menos amables de la humanidad y su escritura parece destinada a ser odiada o amada, sin puntos medios y, eso sí, sin que jamás deje indiferente al lector. Vale la pena darse una oportunidad de ser seducido por este gran narrador contemporáneo.

 

*Licenciada en Historia.

Ella recorre el mundo, de Ítaca a Moulinsart… un libro a la vez


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