Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento

“Mi ciudad es chinampa en un lago escondido.”

Guadalupe Trigo

 

Queremos un lago y no un aeropuerto. La frase ha sido una de las más convincentes en la batalla política por el nuevo aeropuerto. “La vocación de Texcoco es ser lago y la prioridad de la Ciudad de México debería ser tener agua -afirma el arquitecto Jorge Ponce Amezcua–. Por ello, una de las preguntas en la consulta con la que se pretende decidir el futuro del NAIM debería ser: ¿prefieres tener aeropuerto o agua?”

Pero no todo el mundo está convencido. El senador por Morena Higinio Martínez se ha pronunciado a favor de continuar el aeropuerto de Texcoco, aprovechando que Andrés Manuel López Obrador dijo “que podíamos opinar con libertad”. El político texcocano apunta: “Se dice que con el aeropuerto va a desaparecer el lago de Texcoco y eso no es cierto. El lago desapareció desde hace 200 años. Lo que queda es un lago de aguas grises, el Nabor Carrillo, que se alimenta del drenaje y de los ríos de Texcoco, Teotihuacán y Chicoloapan, que han sido contaminados por decenas de años.”

La Academia Mexicana de Impacto Ambiental, A.C. (AMIA) ha divulgado un documento sobre el tema y “concluye que se debe continuar con la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México en el sitio Texcoco”. El proyecto de Santa Lucía no tiene manifestación de impacto ambiental; la opción de Texcoco, a pesar de que no carece de problemas, porque toda gran obra de infraestructura los tiene, sí permite un desarrollo sustentable, según la AMIA.

Es falso que se haya desecado el ex lago de Texcoco para la construcción del aeropuerto. Al igual que el senador Martínez, la AMIA señala que la zona “se había transformado en pastizales salados” desde hace mucho tiempo. Los principales cuerpos de agua, como el Nabor Carrillo, no son naturales y se construyeron para la regulación hídrica. El proyecto del NAIM, sin embargo, incluye una serie de obras de mejoramiento de los cuerpos de agua que “incidirán en una mejor calidad ambiental para las aves residentes y migratorias” y que permitirán una mejor regulación hídrica.

Se ha argumentado que el terreno del aeropuerto está más abajo que el valle de México por lo que estaría sometido a posibles inundaciones, pero en realidad se encuentra dos metros arriba. La construcción del aeropuerto, se dice, ha hecho que se abran minas de piedra en la zona, cuando las minas han venido operando en el lugar desde hace mucho tiempo.

En realidad, el ambiente de Texcoco se vería deteriorado si no continúa la obra. Ya se ha construido una parte significativa del proyecto. El impacto que iba a tener lugar, me dice Gabriel Quadri, consultor en temas ambientales, ya sucedió. Si se cancela el aeropuerto, no se concluirán las obras de mitigación; en cambio, habría que demoler y excavar todo lo ya construido, lo cual sería extraordinariamente caro y difícil. Cancelar el aeropuerto, por otra parte, dejaría la zona abierta a las invasiones de tierra que han extendido la mancha urbana en el oriente de la Ciudad de México desde hace décadas.

Más que preguntar si queremos un lago o un aeropuerto, hay que considerar cuál es el mejor proyecto para mejorar el ambiente de una zona profundamente deteriorada. El nuevo aeropuerto protege el lugar e incluye mejoras hídricas significativas. Más que cancelarlo, hay que transformarlo en punta de lanza para la recuperación ecológica de todo Texcoco.

 

Sin dogmas

Un enojado Andrés Manuel López Obrador afirmó ayer que el anuncio de que Pemex compró 1.4 millones de barriles de petróleo ligero al extranjero “es una muestra más del gran fracaso de la política neoliberal o neoporfirista de los últimos 30 años”. Pero hay muchas razones para comprar crudo. Pemex debe poder decidir sin dogmas qué conviene más en un momento dado: comprar o vender, de qué tipo y para qué.

 

Twitter: @SergioSarmiento


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