Mara Muñoz
Mara Muñoz

El domingo 7 de octubre salí de mi casa en el Centro de la Ciudad de Zacatecas alrededor de las 8:30 am, las calles estaban desiertas, a lo lejos alcancé a ver a una joven y un joven en el camellón, él la retrataba, ella posaba, de pronto dos hombres aparecieron en escena, se les veía tambalearse, uno de ellos atravesó la calle, interrumpiendo la sesión de fotos. Delante de mí caminaba una señora de edad adulta, aterrorizada cruzó la calle y se acercó al joven de la cámara.

-No les diga nada, están tomados- gritó con voz entrecortada.

Luego, sin voltear, volvió a mi lado de la banqueta, topó conmigo de espaldas y pegó un grito de susto.

-Disculpe señora, tranquila, no pasa nada- le dije apenada.

En el fondo ni yo me creí esas palabras de sosiego. Ella volteó, tomo en sus manos la bolsa que llevaba colgada al hombro.

-La voy a agarrar así- dijo, señalándome la bolsa como un objeto para golpear.

Seguimos caminando juntas, muy aprisa, en la esquina del semáforo había una camioneta con policías, ella no esperó el siga, se cruzó la calle casi sin mirar y se aproximó a la camioneta. Volteé a ver si veía a los hombres que habían provocado todo el alboroto, ya no estaban, habían doblado una esquina antes.

Seguí mi camino rumbo a plaza de armas a esperar al presidente electo Andrés Manuel López Obrador, había quedado de verme con dos compañeras feministas, Cristela y Luz, íbamos a esperar en medio del frío otoñal a cruzar algunas palabras con él, nuestro reclamo: escucha y atención; verdad, justicia y reparación para las víctimas de feminicidio y sus familiares; revisión del mecanismo de Alerta de Violencia de Género que poco nos dice a las mujeres de a pie en Zacatecas y en las 13 entidades en donde ha sido declarado. Esa mañana fría, la mujer a mi paso me enseñó más que mil reflexiones de café, academia o medios que las mujeres estamos solas, cuando tenemos suerte nos acuerpamos con otras en las calles. A la mala, hemos tenido que buscar la solidaridad entre mujeres (sororidad) como único recurso de sobrevivencia ante la violencia machista que todo lo corroe. ¿Quién es responsable de que los machos de hoy midan su viralidad por quien tiene la camioneta más grande, el arma más grande, la posesión del objeto/cuerpo de las mujeres, todo arrancado con dinero/violencia? Ante esta pregunta, el Estado no está haciendo nada para cambiar esos patrones culturales que se reproducen por doquier.

Esperamos hora y media hasta que apareció una camioneta blanca, se detuvo, abrió la puerta y bajó de ella Andrés Manuel. Lo aproximé antes que nadie, lo miré a los ojos y sostuvo la mirada.

-Las familias que han perdido a una de las suyas en manos feminicidas necesitan ser escuchadas, la Alerta de Violencia de Género debe ser revisada, es una simulación. Le pedimos que mande a un representante de la secretaría de Gobernación a una reunión para revisar el mecanismo de Alerta y escuchar a las víctimas- asenté.

-Sí claro, que lo atienda Alejandro Encinas- dijo refiriéndose al próximo Subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación.

Luego vi en fotos que Alejandro Tello Cristerna observaba a lo lejos, se veía cansado, quizá del tema, de gobernar, de nosotras las feministas, de todo. El lunes temprano Alejandro Encinas se comunicó conmigo, se comprometió a venir, a escuchar.

La Unidad de Colectivos por las Defensa de los Derechos Humanos de Niñas y Mujeres vamos a dialogar con el nuevo gobierno federal, no porque no estemos cansadas de la simulación, sino porque es su responsabilidad atender las demandas de las mujeres y niñas que viven el terror de salir a las calles, de permanecer en sus casas ante la impunidad de un estado feminicida; de las familias que viven el calvario de la violencia institucional; de la voz acallada de nuestras hermanas muertas. Ojalá no nos toque nuevamente el desengaño, el aprendizaje de que en este desierto sólo nosotras podemos cuidar de nosotras.


Nuestros lectores comentan

  1. Martha Angélica Saucedo Mendoza

    Mientras tanto, como bien lo dices, nosotras cuidemos de nosotras. Un abrazo y dios cuide que no te canses nunca de luchar.