Alberto Chiu
Alberto Chiu

Mediante un boletín oficial, ayer la Fiscalía General del estado informó –tardíamente, otra vez– que en efecto cinco de los policías municipales de Trancoso que habían sido detenidos por su presunta participación en un secuestro, ya están libres bajo la premisa de que “no se encontraron los elementos suficientes para determinar su participación (en el delito)”. Y muchos nos quedamos con la boca abierta, ante lo escueto del comunicado.

A ver, recordemos algunas cosas: cuando en enero de este año se dio a conocer la presunta liberación de un secuestrado (ahora hasta habríamos de presumir el hecho, pues), de nombre Roberto “N” –aunque todo mundo sepa de quién se trató–, el hecho se mantuvo en estricto hermetismo de la propia instancia de procuración de justicia… hasta que nos soltaron toda una película.

El relato de un espectacular operativo en el que, gracias a las acciones de elementos de Policía Ministerial, se habría localizado un domicilio que, luego de ser allanado, resultaría la “casa de seguridad” donde tenían privado de la libertad al empresario constructor. Pero además, aderezaron el relato con el también espectacular anuncio de que, durante el operativo, se había logrado la captura (inusual, por cierto) de un montón de gente, y más aún, que entre los detenidos había policías municipales de Trancoso.

A partir de ese momento, y gracias también a las redes sociales, surgieron varias distintas teorías tanto del secuestro como de la presunta liberación de Roberto; la sospecha de que no había existido tal operativo; el trascendido de que quienes cuidaban la casa de seguridad eran precisamente los policías; los rumores de que todos ellos estaban también bajo las órdenes y en la nómina de algún grupo de la delincuencia organizada…

Teorías, rumores y trascendidos que, al ser presentados a la Fiscalía, rebotaban simplemente con la clásica respuesta de que “no se puede decir nada por el sigilo de la investigación”. Muy bien.

Pero ahora que nos enteramos –a toro pasado, insisto– de que al menos a cinco de esos policías municipales ya los liberaron por no habérseles encontrado nada que los ligue al delito, ¿por qué no aclararlo debidamente? ¿por qué no exponer las razones pormenorizadas que llevaron a esa determinación? ¿acaso ellos no estaban ahí en el momento de la detención? ¿y entonces por qué los detuvieron? ¿o sólo los detuvieron “por si las moscas”?

Para sumarle todavía algunos elementos más curiosos a esta película, en la que la Fiscalía nos ha dejado más dudas que certidumbres, corren también en redes sociales los trascendidos de que esos policías ya ni siquiera están en el pueblo; que los liberaron antes de anunciarlo para darles chance de que se fueran del estado; que quizás fue para protegerlos del crimen organizado, antes de que ellos los fueran a atacar…

Películas como ésta no necesitamos. La transparencia que presumen en el discurso, se mancha –incluso con sangre– cuando se caen los teatritos como éste. ¿Quién les va a creer la siguiente película?


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