ALBERTO CHIU
ALBERTO CHIU

A la iniciativa presentada recientemente por Morena, mediante la que pretenden se reduzca el financiamiento público a los partidos políticos –a la mitad de lo que reciben actualmente–, fue obvio que siguiera una muy natural respuesta de rechazo… de los demás partidos políticos, por supuesto. A nadie le gusta que le toquen el bolsillo, lo sabemos, pero en su caso, es superlativo.

Entre las declaraciones que hemos escuchado –algunas de las cuales hoy puede usted leer en esta misma edición de El Diario NTR–, hay unas de dirigentes partidistas argumentando que si se les recorta el dinero, se afectará la vida democrática del país entero, en razón de que ya no podrán llevar a cabo tareas como las de capacitación o de apoyo a la sociedad.

¿En serio? ¿De veras nos están diciendo que con menos dinero hay menos democracia en nuestro México? Que yo recuerde, desde hace mucho la inyección de dinero público a las arcas de cada partido político (poco, mucho, lo que les toque) no me parece que haya “mejorado” la condición de mayor o menor democracia. Es más, en varios casos ni siquiera la democracia interna de algunos de esos partidos.

No nos hagamos tontos. En más de un caso (usted, amable lector, seguramente estará ya pensando en alguno), los partidos políticos han resultado ser no más que un “negocio familiar”, o una “agencia de colocaciones de amigos y compadres”, una “fuente alternativa de financiamiento por organización”, o como le quiera llamar. Porque más allá de si contribuyen o no a la vida democrática nuestra, sí se nota cómo hay quien los convierte (a los partidos) en su modus vivendi; y al clientelismo electoral, en su modus operandi.

Me parece que estamos muy lejos de aquél romántico pensamiento de que un ciudadano cualquiera pueda mostrar su afiliación a tal o cual partido por razones ideológicas (lo hemos repetido hasta el cansancio, la ideología está muerta), y que además de ello pueda participar activamente en el partido de su elección sin más ambición que la de satisfacer su conciencia y cumplir su deber como ciudadano.

Por el contrario, no faltan los casos evidentes de quienes ingresan a un partido, ofreciendo “operación política” a cambio de un pago salarial, convirtiendo eso en una “chamba” que luego deviene en un esfuerzo por colocar a otros más en posiciones partidistas que den frutos ya no sólo en más “chambas”, sino en toda una estrategia de negocios partidistas para la supervivencia de unos cuantos.

¿En serio si los partidos políticos reciben menos dinero público, habrá menos democracia, o ésta se verá dañada de alguna manera? ¿Más de lo dañada que ya está? ¿Tan dañada, que el motor de las elecciones es más bien el castigo o el rencor o la revancha, en lugar de la propuesta de soluciones a la vida de los mexicanos? Sinceramente no lo creo, y si así fuera, pues entonces estamos más fregados de lo que pudiera uno creer.


Nuestros lectores comentan

  1. Por el bien del los ciudadanos solo deberían existir dos partidos y así nos evitamos que sean negocio familiar y que anden chapulineando finalmente el dinero solo es para ellos, nada que para el desarrollo social si así fuera estaríamos en otro nivel…