Alfonso Carlos Del Real López
Alfonso Carlos Del Real López

Cooperar con el ciudadano en la solución de sus demandas tiene como punto de partida la empatía del funcionario. No le demos más vueltas

 

 

Alfonso Carlos Del Real López

 

Cuando estaba a punto de iniciar la presente administración estatal, hubo un punto de inflexión en mi carrera de servidor público que hasta la fecha está presente en mi día a día.

Recuerdo con mucha claridad el día en que fuimos reunidos quienes ocuparíamos la titularidad de varias áreas del gobierno estatal que iniciaba en septiembre de 2016. A muchos no los conocía; a otros tantos ya los había visto, y con varios más ya había convivido en otras circunstancias fuera del ámbito profesional. Pero ese día estuvimos todos juntos, mirándonos de reojo, escuchándonos. Nos presentamos. Y fuimos presentados también con las palabras de quien había decidido que lo acompañáramos en el esfuerzo gubernamental.

Entre muchas otras cosas, se mencionó la necesidad de tener un gobierno humano, con empatía a la gente, con buen trato no solamente para las personas que ya estaban en la administración, los trabajadores, sino también para las personas que nos buscaran por el motivo que fuera.

Esa instrucción, de ser funcionarios públicos con calidad humana permeó en muchos de los ahí presentes; creo que en la mayoría. No en todos, debo decir. No a todos los integrantes de un equipo se les da, les nace o entienden que se debe dar un giro a nuestra propia personalidad para ser un tanto abiertos a la problemática o condición negativa que puede presentar un ciudadano y que resulta responsabilidad directa o indirecta atender.

Cooperar con el ciudadano en la solución de sus demandas tiene como punto de partida la empatía del funcionario. No le demos más vueltas. Si no entendemos la necesidad real de cada ciudadano, difícilmente colaboramos en la solución. A veces lo que no vemos no entendemos, y tenemos que hacer un esfuerzo para ello.

Ya sé, ya sé. Se dice fácil. Entenderlo es facilísimo. “Pan comido”. El problemín está en hacerlo. Y para eso, si usted me pregunta, cómo se le hace, yo lo digo que una de dos: o se nace con la sensibilidad, o la vas agarrando después de los guamazos que la vida profesional te pone. Te doblas por las buenas, o a la mala. Y mil veces hacerlo a la buena.

Tengo la impresión de que la era tecnocrática y fría del servicio público quedará atrás; esa etapa de los gobiernos de la sonrisa forzada en actos públicos y la decisión contraria a la voluntad del pueblo a rajatabla quedará atrás. Daremos un giro muy interesante donde tendremos que combinar el lado humano, muy humano, con las decisiones técnicas y de conocimiento sólido.

En síntesis, viene una etapa diferente en el servicio público, donde no solamente será fundamental entender las vicisitudes de las decisiones de estado con fijación en la sustentabilidad (no comprometer desde hoy a generaciones futuras en todos los sentidos), sino que será fundamental entender al pueblo.

La psicología social, la sociología pura y el trabajo social, entre muchas otras disciplinas, tendrán un resurgir. Adentrarnos a ellas nos hará entender que necesitamos buscar una serie de elementos en común con la gente para que cooperemos autoridades y población, y resolver nuestros problemas.

Cooperar con la gente tendrá la base de ser servidores públicos con un talante humano. No solo ser un maestro capacitado y evaluado, sino con sensibilidad a la situación en casa de los alumnos; no sólo ser un abogado ortodoxo, sino entender la necesidad de la gente; no sólo el ingeniero cuadrado, sino el contexto social de la obra.

Mucho se dice que vienen buenos tiempos para Zacatecas desde el ámbito gubernamental. Yo lo creo. Pero serán mucho mejores si entendemos que la gente no busca al funcionario por gusto, sino por un interés. Y ese interés o es pernicioso para el pueblo o de gran ayuda para el mismo. No hay más.

Hay quienes pueden entenderlo; hay quienes de plano no tienen dos dedos de frente.

Nos leemos el próximo lunes. ¡Babai!

 

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Nuestros lectores comentan

  1. aficionado a la columna del sr. del real

    SR. DEL REAL. nuevamente al leer su columna recorde viejos tiempos en donde los funcionarios eran personas respetadas, conocidas, preparadas tenian un curriculum no de tanto estudio unos licenciados otros contadores algunos privados otros su trayectoria intachable donde su solo nombre era garantia de honestidad. y cuando llegaban a ocupar un cargo publico X la gente lo veia bien le daba gusto que sutano o mangano ocupara un puesto. porque tenian la seguridad de que ayudaria en las necesidades de quienes pedirian su apoyo uuf que tiempos ojala lo que usted comenta de que
    tiene la esperanza o seguridad de que vendran esos tiempos en que los politicos se sensibilisen y quienes ocupen un cargo vuelvan a ser funcionarios que se dediquen a la gestion que el pueblo necesiten que hagan su trabajo ,yen el puesto que esten sirvan a los ciudadanos y no para servirse ellos nos urgen funcionarios asi. en este tiempo tan convulsionado que estamos viviendo saludos sr. de Real.

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