Alberto Chiu
Alberto Chiu

Instalado muy cómodamente en el palco de la tranquilidad, el secretario de Seguridad Pública salió airoso ayer de la Legislatura local, luego de comparecer durante más de cinco horas, y de haberles hecho una faena de aquellas a los diputados locales que, como es costumbre ya, ni se inmutaron por las respuestas a medias, las verdades veladas, o las revelaciones escandalosas de Ismael Camberos. Los toreó bien y bonito, otra vez.

Sí, lo de salir airoso es ironía –préstamo involuntario de mi vecino de páginas, Cascabel–, porque la verdad es que de esa comparecencia (la segunda del día) nadie salió triunfante.

Ni las cifras dadas por el funcionario esclarecieron la política pública de seguridad, ni los cuestionamientos lograron sacarle datos que coadyuvaran a recuperar la confianza en las corporaciones policiacas (por ejemplo), y tampoco contribuyeron a propiciar la paz que ciertamente anhela la ciudadanía.

Vamos, pues, que ni siquiera los cuestionamientos de los diputados fueron tampoco lo mejor del día (se quedaron más bien en la medianía de la mediocridad). Ni un manotazo en la mesa, ni una levantada de ceja, y todos más bien instalados en la “república del amor” pregonada por el preciso electo, y que parece ya permear en todas las estructuras de gobierno… aunque todavía no tome posesión del cargo.

Quienes tuvieron oportunidad de verlo y escucharlo, pudieron darse cuenta de cómo se minimizan las tragedias, cómo se justifican las carencias y cómo, ante la imposibilidad de dar una mejor respuesta, se recurre siempre a la dispareja comparación con las entidades que “están peor” que la nuestra, como si eso sirviera de consuelo para las víctimas y sus familias. ¿A ellos, a quienes les han matado un familiar, les va a doler menos al enterarse de que en Tamaulipas o Guerrero hay muchísimos más que también perdieron a otro familiar?

Si ni siquiera llegamos a un tercio del óptimo marcado como estándar internacional en cuanto al número de policías que debemos tener, y en los municipios hay corporaciones paupérrimas (cuando hay), y siempre falta dinero para equipar y capacitar a los poquitos que hay, y los exámenes de control y confianza son el coco de los presidentes municipales… y la situación sigue exactamente igual.

Bueno, todavía el secretario Camberos se dio el lujo de decir que no era exactamente igual, porque a estas alturas del año llevamos “un muerto menos” que en el mismo periodo del año pasado. Ah, menos mal.

El hecho es que la ciudadanía percibe, efectivamente, que la cosa no mejora en materia de seguridad, y se entera que tan solo este primer día de octubre, hubo tres asesinatos en total en la entidad.

Pero quizás lo más lamentable, en todo caso, es que la única respuesta que se reitera, una y otra vez, es que “se reforzarán las estrategias de seguridad”… y seguimos viendo la misma situación todos los días, señal de que no han empezado a reforzarlas, o de que ya no hay manera.


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