Enrique Laviada
Enrique Laviada

Por primera vez en la historia del estado de Zacatecas (espero no haya experiencia similar en otro siglo), el titular que comparece ante la Honorable (es ironía) Legislatura, no es quien ocupó la titularidad de la dependencia en el periodo señalado (léase Fabiola Torres), sino su relevo, por lo visto, tan de manera improvisada como ha sido posible.

Se trata, pues, de una comparecencia en ausencia de la persona que cometió errores o tuvo aciertos, quien sufrió o disfrutó del cargo, se dejó llevar por la inercia del poder o propuso críticas constructivas, y lo mismo dispuso de toda su capacidad para ocupar el cargo, que por lo mismo se vio rebasada o mintió sin quererlo y, finalmente, renunció por los motivos que usted guste y mande.

Lo cierto es que Fabiola Torres no estuvo en el Congreso para explicar ella misma y defender al gobierno en el que le tocó participar, ni al jefe que circunstancialmente le tocó servir, sin duda con lealtad, nadie lo duda, (excepto quienes le hicieron irse antes de que los tiempos institucionales marcaran su lógico y elemental ritmo), ni hacer legítimo uso de la palabra ante el pleno, en una verdadera falta de respeto hacia ella misma y hacia la investidura a la cual representó, durante toda la primera parte del actual quinquenio, sin remedio.

Una ausencia.

 

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Por su parte, Jehú Eduí Salas hizo lo mejor que sabe hacer, es decir, tartamudear, volverse indescifrable, hablando de lo que no conoce ni sabe para qué sirve, en fin, siendo él mismo (léase invento burocrático), para regocijo de todos aquellos que no entienden o no quieren entender que no es lo mismo juventud que estulticia.

En su comparecencia (la del tal Jehú) se tuvo a bien contar con un sistema de partidos dócil y asimilado, en esencia, a los dictados del gobernador en turno, independientemente de su nombre, procedencia o el signo partidista que le acompañe (para bien o para mal), dejando de lado el deber que parlamentariamente (es ironía histórica) que les corresponde o les debería corresponder, sin remedio aparente.

De las preguntas, o bien, cuestionamientos que le hicieron, al personaje de marras, no resulta aleccionador casi nada, por la simple y sencilla razón de que su presencia en el cargo obedece a un error político.

Una ausencia.

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De la comparecencia del inspector Camberos, a la sazón, secretario de Seguridad Pública del estado, lo único que podría agregar (sin menoscabo de lo que diga Coralillo en planas vecinas) es que no es responsable directo de nada de lo que trágicamente sucede, ni que le faltaron cifras o justificaciones suficientes o tragedias por compartir, nada.

Lo que se sabe es que, por definición, los encargados de las áreas de seguridad pública, en cualquier parte, responden con disciplina casi absoluta a la política interior que les corresponde, es decir, la política integral de seguridad pública, debe ser consecuencia de la interior de gobierno y nunca al contrario o de manera suplementaria, a menos que lo que se quiera es encaminarse a un rotundo e inevitable fracaso.

Que es el caso.

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Acertijo

No confundir es definir


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