Enrique Laviada
Enrique Laviada

Se supo en círculos periodísticos, y más tarde de manera amplia, que Jesús Ramírez Cuevas, futuro vocero del nuevo presidente de México, acudiría con los integrantes de la poderosa bancada de Morena en la Cámara de Diputados, para dilucidar qué diantres quiso decir el futuro mandatario con eso de la “prensa fifí”, un término, en principio, dirigido a quienes escriben o hablan en los medios, y son no muy de su gusto.

Por lo pronto, estimado lector, ya me imagino el tremendo escándalo que hubiera armado el tal Ramírez, hasta hace poco director del periódico Regeneración, órgano de expresión morenista, si algún político priísta, panista o perredista le hubiera lanzado el calificativo ese, un tanto ridículo de “prensa fifí”, o cualquier otro, a su militante publicación, ya me imagino.

Pues ha sido el mismo Ramírez quien, ahora, ya en el poder, asegura que las palabras de López Obrador no son ofensivas ni representan amenaza alguna a la libertad de expresión.

Nada que temer.

………………………..

Eso dicen: que en los medios nadie debe temer, ni mucho menos denunciar o simplemente molestarse, “paz y amor” y punto.

De modo que, el tal Ramírez, se presentó ante los reporteros de la fuente y obsequió un bonito galimatías al respecto, asegurando que el término “prensa fifí” podía referirse,  si quisiéramos, a “ciertos medios que defienden intereses económicos y políticos” (juro que eso escuche en la grabación) y se ostentan como representantes de la sociedad, cuando en realidad no lo son, enfatizó, lo que hay en cambio (así lo dijo) es “un ocultamiento”, y cierro las comillas en la frase con un poco de pena ajena.

Si nos atenemos a la definición textual, el término “fifí” haría alusión a las personas que tienen modales refinados, lo cual no es aplicable a muchos de los críticos de López Obrador, tal es el caso de uno de nuestros reporteros en NTR, Saúl Ortega, que la verdad sea dicha no tiene nada de “fifí”, cuando preguntó al entonces candidato López Obrador, cuáles eran las razones de que rehuyera algunos temas en el debate con sus adversarios, a lo que respondió: “mejor me peino”, o como lo hizo con los reporteros a los que despreció con aquello de “no voy a responder, corazoncitos”, o con la reportera Lorena García, en Baja California, a quien de plano le plantó un beso (con una tardía indignación feminista al respecto) en lugar de responder a sus preguntas.

Pero nada que temer.

…………………………..

Lo que nos resta, entiendo, es descifrar si tales subterfugios son sólo expresiones de la tropical personalidad del nuevo presidente, o como algunos suponemos, esconden una postura desde el poder, con la que se prefiere desestimar o descalificar a los medios, porque el “pueblo sabio lo sabe”  (el arcaísmo es todo suyo) o bien porque “no representan a la sociedad”, como lo quiso explicar su vocero.

Los medios de comunicación, desde luego, no son representantes de la sociedad, pero sí son uno de sus ingredientes más importantes, son empresas que en el ámbito de lo privado representan intereses económicos y cuyas líneas editoriales formulan ideas o perspectivas políticas y también culturales en general, todo lo cual incomoda a los nuevos detentadores del poder público.

Lo que desearíamos es tener mejores formas de comunicación, que haya respeto por la labor periodística y el más libre intercambio de ideas y propuestas para México en una de las etapas más complejas de su historia moderna. Por favor:

Nada que temer.

…………………………………………..

Acertijo

El poder no es para siempre


Los comentarios están cerrados.