Enrique Laviada
Enrique Laviada

Luego de cierto retraso, como queriendo dudar, al fin, el gobernador Alejandro Tello cumplió ayer con la amenaza (no es ironía) de hacer el tan esperado y anunciado cambio en la secretaría de Gobierno, a la cabeza (¿!) de su equipo (¡?) de gobierno.

Se confirmó que Fabiola Torres sale (ya desde cuándo) de esa posición, la despide (en sentido estricto) el gobernador, elogiando su trabajo y haciendo aclaraciones no pedidas que convierten el discurso en algo más sardónico que un comentario de columna y dijo que los cambios no son por malos resultados, sino “producto adecuación al momento (sic) y las necesidades” o sea: vaya usted a saber qué estaba pensando (es un decir) y así la soltó.

Si todo iba tan bien, Fabiola ya había logrado aprender unas cuantas cosas en materia de política interior y se hacía merecedora de la distinguida confianza de su jefe, pues la explicación sobra, es más, hasta medio lastima, creo.

En fin, cumplió.

 

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El punto es que al primer piso de la Casa de los Perros llega el tal Jehú Eduí Salas, quien, de acuerdo con el consabido boletín del gobierno, nos regalan un pormenorizado recuento del currículum vitae del nuevo funcionario y, a la letra, asegura que es abogado egresado de la Universidad Autónoma de Zacatecas (seguramente); con una amplia práctica en el ámbito jurídico (ayudante en una notaría); se agrega que actualmente cursa una maestría (no lo dudo); y que trabajó con Tello en el Senado (ahí se hicieron cercanos).Y, finalmente, que trabajó en la coordinación General Jurídica del actual gobierno (dos veces), hasta ayer, cuando su jefe lo colocó en el puesto más importante de la estructura gubernamental, luego del de titular del Ejecutivo, en frío y sin anestesia.

En esta oportunidad, Tello aseveró que en los dos años que van de su mandato (¿!) ha realizado diversos ajustes, normales dijo, tomando en cuenta lo que llamó “la transformación política del país”, sin nada más que agregar y cualquier cosa que eso le signifique.

En fin, cumplió la amenaza.

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Llega pues a la oficina encargada de la política interior alguien que, a ojos vistas, no cuenta ni con la experiencia ni con la trayectoria ni con los conocimientos necesarios (ironías aparte), en una etapa por demás compleja del país (léase la “cuarta transformación” y otras encrucijadas), lo que podría convertirse en el error más grave del actual gobernador.

Más rápido que pronto (escucharemos) el coro de aduladores repetirá que se trata de “caras nuevas” y que todos debemos ser pacientes para que el funcionario entrante curse su periodo de aprendizaje y eso tomará el tiempo que sea necesario.

Justo en uno de los momentos más pavorosos, en lo que a la inseguridad se refiere y cuando las embestidas de los grupos criminales son más cruentas, el gobernador decide que su incondicional cercano se ponga a aprender lo conducente en estos casos (ironía terrible), me imagino que los capos del narco deben estar muy preocupados (sobra el paréntesis), creo.

En fin, Tello cumplió su amenaza y nombró al tal Jehú Eduí, sin pensar (¡?) mucho en Zacatecas.

 

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Acertijo

Eso de “echando a perder se aprende”, a veces no aplica o no es lo más recomendable.

 


Nuestros lectores comentan

  1. Hubo una vez un Presidente al que denominaron “El estudiante”. Todos los asuntos que le plantearan los iba a estudiar. Me lo recordaron los cambios.