CARLOS ERNESTO AGUILERA ARELLANO*
CARLOS ERNESTO AGUILERA ARELLANO*

El nacionalismo ponciano

Adentrarse en el nacionalismo de Manuel M. Ponce puede ser una tarea titánica, da para múltiples estudios y tesis. Aquí señalamos: Desde su primer viaje a Italia, Ponce tuvo la inquietud sobre el folclor mexicano, pues en Europa predominaban las tendencias a las rapsodias francesas y el impresionismo alemán. Como referente de la música de orquesta y pianista de élite, durante su vida Ponce recorrió varias ciudades del mundo para aprender sobre las vanguardias musicales.

Como maestro, conferencista e investigador, fue de los primeros musicólogos en el país, aun cuando esa disciplina no se concebía como tal en México. Ponce fue pionero en investigación folclórica de México. Él investigó parte de la música de las diversas regiones, realizando adaptaciones de canciones populares, como si se tratara de una academización. Como ejemplo está la versión actual y conocida de Las mañanitas y La cucaracha.

En su segunda visita a Europa, fue comisionado por la Secretaría de Educación Pública para estudiar “las nuevas tendencias del arte musical en sus diferentes aspectos, pedagógico, folclórico, así como los procedimientos modernos que se siguen para recoger y clasificar los cantos populares”, tal comisión la cumplió con cabalidad, pues a los pocos meses respondió con una carta de 15 cuartillas los aprendizajes y métodos casi antropológicos e institucionales.1

Ned Williams, editor de una revista de música comercial, relata sobre Ponce: “Nos conocimos en mi casa de París, entre 1923 y 1926. Entonces estaba lleno de atractivo y juventud, aunque su pelo ya había comenzado a encanecer (…) Llegamos a ser íntimos amigos. Él y su simpática esposa fueron mis visitas constantes en mi hogar de la Plaza Michel (…) Recuerdo que le pregunté allá por esa época, si los compositores de su país tienen interés en su música nativa, como yo lo he realizado desde 1912, y me contestó que él mismo ha trabajado en ese sentido. Me dio alegría saber que también en un lugar distante de mi continente había otro artista que estaba abrevando en las fuentes del folclor de su pueblo, en lucha por la futura independencia musical de su país”.2

El afecto de Ponce por México se volvió una vida de investigación académica, y así lo refieren como el padre del nacionalismo mexicano. Las tendencias artísticas de la época en el país son acordes a sus estudios –el muralismo mexicano pretendía a través de la gráfica rescatar la memoria histórica, por ejemplo–; pero Ponce los llevó más allá y logró inmortalizarlos con las rapsodias y folks mexicanos. El amor a la música, a la música mexicana y la música clásica universal quedó en composiciones y partituras, así como en las múltiples investigaciones y conferencias que dictó.3

 

Cartas a Clema

Clementina Maurel y Manuel M. Ponce se conocieron en la Ciudad de México, muy probablemente a principios de 1910, se casaron siete años después; permanecieron juntos hasta la muerte de él. Tuvieron una vida modestísima y no ostentaron de grandes lujos, cosa que en ningún momento pareció de relevancia. No tuvieron hijos, pero sí dos caninos que los acompañaron durante su vida cotidiana. Desde su noviazgo y la formalización de su compromiso se mantuvieron varias veces separados.

La primera gran distancia la retrata muy bien Yael Beltrán, en el ensayo “Manuel M. Ponce. Cartas de amor desde Cuba (1915-1916)”4; posteriormente, ya con años de casados, juntos emprendieron la aventura europea en la que permanecerían cerca de nueve años. En sus separaciones no dejaron de frecuentarse en cartas.

Ponce fue una persona amorosa. Siempre juró fidelidad a Clema –como diminutivo–, y condecoró con múltiples canciones y sonetos. Ella, por su parte, apoyó a su esposo en todo momento, en cualquier dificultad personal y creativa, acompañándolo en los recitales más importantes, así como en las largas horas de estudio.

A través de adjetivos como “Pingüinita”, “Clemita linda”, Ponce se refiere constantemente a ella en las cartas que siempre iban acompañados de deseos de salud y besos infinitos. En más de una ocasión Ponce reclama la poca constancia con que Clema le escribía a él, pero eran reclamos breves que pronto pasaban a agradecimientos y notificaciones de la carta recibida.

El intercambio epistolar internacional comienza con la separación cuando Ponce se aventura a Cuba y posteriormente a tierras americanas para después regresar totalmente deprimido a La Habana, debido al mal trato que recibió en Nueva York. En el lapso de dos años el intercambio de misivas es constante. En estas cartas, el compositor siempre expresó su amor y reconocimiento de que ella era su sostén y fuente de inspiración: “Todos mis pequeños triunfos son por ti, Pingüinita adorada”.

“¡Oh Clema mía, si tu comprendieras todo mi amor inmenso, jamás durarías de él. Te suspiro, ángel mío. ¿Cuándo vienes? ¿Cuándo la felicidad de estrecharte en mis brazos llegará!”5

Ponce tenía una sensibilidad inmensa al momento de escribir, lo hacía con prosa tratando de exhumar sus sentimientos. Contaba regularmente los problemas de su precaria situación económica, así como atardeceres que hubiera deseado compartir. Constantemente en el contenido se formaban expectativas de tener un hogar a la vista de la costa cubana: “por qué hay esperanza de que pueda tener más clase. Yo estoy comodísimo aquí y tengo buenos amigos. ¡Sólo me entristece pensar en que tú pasarías tantos calores! Porque quiero tener algo seguro para tener una casita fresca, aunque sea pobre, porque aquí en la habitación donde yo vivo te me morirías…”6

Este intercambio epistolar recuerda mucho a la correspondencia entre el escritor Juan Rulfo y su prometida Clara Aparicio, misivas que ya forman un compendio titulado Cartas a Clara. El literato Carlos Ayram realizó una serie de reflexiones acerca de las cartas del escritor jalisciense y su esposa, llegando a la conclusión de que el intercambio epistolar de seis años sirvió a Rulfo a resistir la soledad y la nostalgia, así como una constante muestra de afecto y amor hacia su amada.7

La correspondencia entre Ponce y Clema inspiran a hacer una compilación igual bajo las mismas características,8 con el notable énfasis que aún con más de 15 años de casados seguían enviándose cartas con notable afecto: “Ayer te envié una carta por avión; ésta va por vía ordinaria pues le han aumentado 75 centavos la tarifa para Francia… ¡París, qué lejos estás!… ¡Cada día se acentúa más la nostalgia de Montparnasse! (…) Hasta muy pronto mi vida, cuídese mucho y piense que nunca la olvido y le mando mil besitos de su Manuel”.9

La brevísima reseña epistolar demuestra lo propuesto en el inicio de esta investigación sentimental; el amor como principal motor y motivación de la vida creativa del músico de raíces fresnillenses. Tal como lo propone Erich Fromm en su célebre libro El arte de amar, el hombre busca constantemente superar la separatividad a la que es condenado desde el inicio de su existencia. Al parecer Manuel M. Ponce lo logró en base a la música, al estudio y una vida compartida con su musa Clementina.

 

*Historiador.

Es integrante del grupo Enimals.

Este ensayo fue reconocido en los tradicionales Juegos Florales de 2018 del municipio de Fresnillo

 

1 Como si se tratara de un mismo ensayo a publicarse, Ponce clasificó los métodos hasta el momento aprendidos para empezar a forjar una recolección de piezas musicales mexicanas. Archivo Histórico del Estado de Zacatecas (en adelante AHEZ), Colección Especial: Manuel M. Ponce, Serie: Documentación, Subserie: Correspondencia, p. 72 y carpeta 68.

2 David López Alonso, Manuel M. Ponce, México, Ediciones Botas, 1971, p. 136.

3 Sobre el nacionalismo de Ponce, consultar Pablo Castellanos, Manuel M. Ponce (ensayo), México, UNAM, 1982, p. 73; Adei Berea Núñez, Allende “Estrellita (Vida y obra de Manuel M. Ponce)”, México, 1ra edición Kindle, 2016, p. 860; y Ricardo Pérez Monfort, “Entre nacionalismo, regionalismo y universalidad”, Heterofonía, revista de investigación musical, 1988, pp. 41-51.

4 Yael Beltrán, “Manuel M. Ponce. Cartas de amor desde Cuba (1915-1916)”, Heterofonía: revista de investigación musical, 1988 pp. 9-23.

5 AHEZ, Colección Especial: Manuel M. Ponce, Serie: Documentación, subserie: Correspondencia, carpeta 30.

6 AHEZ, Colección Especial: Manuel M. Ponce, Serie: Documentación, subserie: Correspondencia, carpeta 13.

7 Juan Rulfo, Cartas a Clara, México: Editorial RM y Fundación Juan Rulfo, 2013, pp. 331. Carlos Julio Ayram Chede, “Escribir para resistir la soledad: nostalgia, confesión y amor en Cartas a Clara de Juan Rulfo”, Revista La Palabra, julio-diciembre 2013.

8 Existe un libro que para el momento de esta investigación me pareció inaccesible, titulado “Epistolario Intimo de Manuel M. Ponce y Cronología”, escrito por la veracruzana Adei Berea Nuñez. Desconozco las características del libro y el contenido, más a suposición por el título parece una recopilación de las Cartas de Manuel y Clema.

9 Corazón Otero, Manuel M. Ponce y la guitarra, México, Editorial Edamex, 1997.

 


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