Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento

“Ya compraron un avión presidencial de lujo. No lo tiene ni Obama.”

Andrés Manuel López Obrador

 

Sorprende el margen de la victoria por mucho que lo hayan adelantado las encuestas. Andrés Manuel López Obrador está enfilado a una victoria de 53 a 53.8 por ciento de la votación, según el conteo rápido del INE, más de 30 puntos sobre el segundo lugar. Esta ventaja no la tuvo ni Obama. Pero tampoco Trump, ni Peña Nieto, ni Calderón, ni Fox, ni Zedillo, ni Salinas. Hay que remontarse a la elección de Miguel de la Madrid, en 1982, para encontrar un porcentaje mayor en la historia electoral de nuestros dos países.

Las reglas electorales mexicanas fueron hechas para reducir la posibilidad de que una sola persona o partido pudiera controlar la Presidencia y el Congreso al mismo tiempo. Pero López Obrador parece también encaminado a obtener una mayoría absoluta en el Congreso.

Según las proyecciones de Consulta Mitofsky, los tres partidos de la alianza Juntos Haremos Historia, lograrán entre 261 y 314 de los 500 escaños de la Cámara de Diputados. Morena, el PT y el PES tienen un 100 por ciento de probabilidades de lograr la mayoría absoluta en la cámara baja. En el Senado se les proyectan entre 61 y 76 curules, con un 80.9 por ciento de probabilidad de mayoría absoluta. Ni Obama. Tampoco ningún gobierno mexicano desde 1997.

El desastre de los partidos que gobernaron el país en las últimas décadas es más impresionante. En 2015, en la última elección para la legislatura federal, el PRI logró 203 diputados; en este 2018 tendrá que conformarse con entre 46 y 56. El PAN, que alcanzó 108 diputados en 2015, conseguirá ahora entre 75 y 89.

Es muy posible que algunos legisladores adicionales terminen por unirse después a la alianza de López Obrador. El PRD, gracias a la generosidad del PAN, obtendrá entre 23 y 34 diputados, pero es difícil pensar que hagan equipo con el PAN o con lo que queda del PRI. Por ideología, terminarán gravitando en torno a sus ex compañeros Morena. También algunos legisladores del PRI se sentirán más a gusto con Morena que con un PRI vinculado a Peña Nieto.

El PRI está en camino de perder los nueve comicios para gobiernos de entidades federativas en disputa. No retendrá siquiera Yucatán, que parecía el único a su alcance. Morena obtiene cinco (Chiapas, Ciudad de México, Morelos, Tabasco y Veracruz), nada mal cuando antes no tenía ninguno.

Muchos de los candidatos de Morena no son novatos en la política. Vienen del PRD o incluso del PRI. El movimiento de López Obrador está restableciendo la coalición que permitió al viejo PRI mantenerse en el poder durante siete décadas ininterrumpidas en el siglo 20.

Es tan contundente el carro completo de López Obrador, que él mismo debe tener cuidado. No pasará mucho tiempo antes de que empiecen a surgir conflictos entre el ala radical de Morena, en la que militan personajes como Gerardo Fernández Noroña, John Ackerman y Paco Ignaco Taibo, y los moderados de la campaña, entre los que destacan Alfonso Romo, Olga Sánchez Cordero, Esteban Moctezuma o Carlos Urzúa.

El triunfo es siempre peligroso. Genera confianza y hace que se baje la guardia. Lo sabe Barack Obama, quien supo triunfar en las urnas en 2008 y 2012, y recibió el Premio Nobel de la paz en 2009 antes de hacer nada en Washington, pero que vio cómo todos sus logros se borraban al entregar las llaves de la Casa Blanca a Donald Trump. Eso sí lo tuvo Obama. En el entusiasmo del triunfo, espero que López Obrador se dé cuenta de que también le puede pasar a él.

 

¿Y el avión?

Ayer hablaron por teléfono López Obrador y Trump sobre “un acuerdo de inversión integral que genere empleos en México” y que pueda “reducir la migración y mejorar la seguridad””. No ha señalado Andrés Manuel si le insistió a Trump que compre el avión presidencial que no tiene ni Obama.

 

Twitter: @SergioSarmiento


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