Alberto Chiu
Alberto Chiu

Ayer la Confederación Patronal de la República Mexicana, capítulo Zacatecas, hizo unas “llamadas a misa”, o unos exhortos, pues, a los candidatos a diputados locales para que firmen los compromisos de “eliminar la tenencia vehicular, etiquetar en el presupuesto de egresos lo que se recaude del Impuesto Sobre Nómina, así como no reanudar las herramientas legislativas”, todo en aras de fortalecer “la transparencia y el combate a la corrupción”, y para apoyar la economía de los ciudadanos y de los empresarios.

A simple vista –simplona, incluso–, habrá quien piense que son compromisos importantes de alguna manera, pero… viniendo de la cúpula del sector empresarial, me parece que se han quedado tristemente cortos en la visión de lo que como empresarios tendrían que exigir de los legisladores y, de paso, del Ejecutivo.

Desde hace años, muchos años, las líneas de exigencia de la Coparmex (y de otras cúpulas empresariales también) hacia los distintos gobiernos y legislaturas han sido enfocadas principalmente a aquellos problemas que en efecto inciden directamente en el establecimiento y mantenimiento de condiciones óptimas para el desarrollo económico y la generación de riqueza y bienestar a partir tanto del empleo como del comercio.

Ríos y ríos de tinta se han vertido para dar a conocer cómo el sindicato patronal ha insistido, una y otra vez, en llamados para que los gobiernos establezcan mecanismos y acciones que incentiven eficientemente la inversión productiva; para que eliminen las trabas burocráticas en el establecimiento de negocios; para que desarrollen estrategias eficaces de vinculación entre la academia y el sector laboral; para que hagan equitativa la disponibilidad de estímulos fiscales y no sólo se le den a los extranjeros o a quienes vienen de otras partes del país a invertir…

¿Por qué no insistir una vez más en ello ahora con los actuales candidatos? ¿Por qué limitar el llamado –que insisto, es más como un llamado a misa al que le hace caso quien quiere– a asuntos como eliminar la tenencia, etiquetar el impuesto sobre nómina y no regresar las llamadas “herramientas legislativas”? Es decir, ¿por qué exhortar a que se haga algo que ya está hecho o que de alguna u otra manera ya está contemplado en ordenamientos vigentes? Me parece que es perder el tiempo en asuntos cerrados.

Sí, como organismo empresarial estoy cierto de que deben estar muy al pendiente de la aplicación de los recursos obtenidos por el gobierno mediante la vía de los impuestos; ¿pero entonces qué hacen pues quienes conforman la cabeza del fideicomiso cuando se reúnen? ¿Levantan la mano y aprueban lo que les dicen que aprueben? Eso parece más una tarea de políticos o funcionarios paleros que de empresarios.

¿Eliminar la tenencia? Me parece que ya hay una ley al respecto y acuerdos que establecen esos estímulos fiscales, ¿o no? ¿Y no regresar las “herramientas legislativas”? Caray, si las acaban de eliminar los actuales diputados… a menos, claro, que los empresarios tengan una bola de cristal donde ya vieron las negras intenciones de los próximos diputados a regresárselas.

Aunque la intención sea buena –no creo que lo hagan de mala leche, conste–, me parece que se han quedado cortos, insisto. El nivel de exigencia de las cámaras empresariales (llámense Coparmex, Canacozac, Canirac, CMIC o quien sea), de los colegios y asociaciones de profesionistas, y de todos aquellos que se dedican a sacar adelante este país desde la generación de empleos, riqueza y desarrollo, debería ser más alto… y más constante, más determinado, más firme.

No es el gobierno, el Estado, quien genera empleos; pero sí las condiciones óptimas para que los empresarios lo hagan. Y no me queda duda de que ahí es a donde habría que dirigir las baterías. Sí, que les exijan no meter las manos en las arcas, que les exijan no corromperse ni permitir que intenten corromperlos, que les exijan abrir las oportunidades a la inversión y al desarrollo de manera equitativa. Pero no perder el tiempo con visiones cortas.


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