ALFONSO CARLOS DEL REAL LÓPEZ*
ALFONSO CARLOS DEL REAL LÓPEZ*

 

“#YoSíVoyAVotar también representa que dejaré atrás la idea de que mi voto no sirve y pensaré que sí cuenta y que se sumará al de muchos mexicanos que por diferentes circunstancias plagadas de sentimientos encontrados, también irán a las urnas con la esperanza de que el sufragio se convierta en el inicio o en fin –según se quiera ver– de nuevas expectativas políticas y sean parte de la legitimidad que necesitan quienes buscan un cargo de elección popular”

 

 

Hace veinte años viví mi primera época de elección. Y eso de “vivir” es mucho decir. Porque en esos años estaba en la prepa. Me pasaron de noche las campañas. Ni siquiera recuerdo haber tenido poquita idea de qué pasaba. Las llamadas jornadas electorales no existían para mí. Pero sí el Mundial de Francia. Rememoro con alegría cuando la selección mexicana empató contra Bélgica; el penal del “Beto” García Aspe y el golazo del jorobado mayor –Cuauhtémoc Blanco– que emparejó el partido.

También recuerdo el siguiente juego de México contra Holanda, donde el cabezón de Ricardo Peláez descontó para el 1-2 (aún viene a mi memoria la angustia por ir perdiendo el juego por dos goles) y posteriormente cómo el desgraciadísimo “pelos de muñeca vieja” del “Matador” Luis Hernández marcó el empate en el minuto 90’. Héroe nacional por unos días. De lo demás ya no me quiero acordar.

Un par de años más tarde, en el 2000, ya me tocó el cuerno de la efervescencia electoral. Vicente Fox estaba en el apogeo mediático y el candidato Francisco Labastida se erigía en la representación del Ancien Régime que buscaba destronarse a como diera lugar. Y la gente votó. Y muchos jóvenes se animaron, hasta por moda, a ir a las casillas. Votar fue cool.

De ese entonces a la fecha ya me ha tocado participar en diferentes elecciones; después de lo de Fox he procurado estar atento a las propuestas de lxs candidatxs, los partidos y coaliciones, y todo ese show. A veces con ganas e interés genuino, a veces nomás para tener algo de qué hablar.

Lo que sí debo decir abiertamente es que se me ha hecho una especie de conciencia electoral y eso me ha obligado a no abandonar la esfera de lo público y desarrollar una especie de humor que, a su vez, desempeña una variedad de dualidad funcional democrática; por un lado me permite liberarme como individuo, y por otro lado me da la pauta de burlarme de figuras, egos, imágenes, personalidades, propuestas y otras tantas cosas que uno ve en tiempos de campaña.

Además de lo anterior, el sentido del humor que creo que se puede generar en la actualidad –por la facilidad de comunicar en redes sociales– aumenta la posibilidad de que exista un nivel de sátira y de fina sensibilidad que, cuando evolucionan, se convierten en una preocupación ciudadana y empiezas a considerar que tu voto cuenta y se cuenta. Y ahí empieza la chispa. Ahí inicia el interés. Y a veces, quizás muy de vez en cuando, sólo se necesita un cerillito para comenzar un incendio.

 

#YoSíVoyAVotar significa que espero con ansias el gran día de la jornada electoral para despertarme, bañarme, desayunar menudito y enfilarme a la casilla que me corresponde para votar y sentirme nuevamente un ciudadano cumplido que ejerce libremente su derecho al voto, y en una de esas saludo como funcionario de casilla a un vecino que hace años no veía.

 

#YoSíVoyAVotar se refiere a que dejaré de lado la idea de que los partidos políticos son entes viciados hasta el tuétano, que no han servido para aumentar la demanda de participación política de la gente y que han servido únicamente como estructuras anquilosadas cuya única verdad es que existen para ser una amenaza latente que sólo sirven para modificar las relaciones de poder en las cúpulas y no se convierten en espacios de discusión de la gestión de poder.

 

#YoSíVoyAVotar también representa que dejaré atrás la idea de que mi voto no sirve y pensaré que sí cuenta y que se sumará al de muchos mexicanos que por diferentes circunstancias plagadas de sentimientos encontrados, también irán a las urnas con la esperanza de que el sufragio se convierta en el inicio o en fin –según se quiera ver– de nuevas expectativas políticas y sean parte de la legitimidad que necesitan quienes buscan un cargo de elección popular.

 

#YoSíVoyAVotar significa que de una u otra forma, una vez que mi dedito pulgar derecho tenga la marca apestosa del voto, seré parte de la historia, la nueva y gran historia del México y del Zacatecas de los próximos años; mi voto dará legalidad a los resultados, claro, sumado al de millones de hombres y mujeres en sus facetas de trabajadores, profesionistas, obreros, campesinos y demás, que esperan el domingo de la llamada fiesta democrática.

 

#YoSíVoyAVotar encierra mi definición sobre quiénes creo que serán la mejor alineación política gubernamental para luchar y mitigar la ignorancia que a veces estúpidamente me lleva a pensar que no sirve votar, que no vale la pena tener credencial de elector y que es mejor pasar el domingo hongueando en casa, sin votar.

 

#YoSíVoyAVotar significa también que mi sentido nacionalista se traduce en ejercer la libertad de escoger a mi propia clase dirigente y el tipo de orientación política y de gobierno en los ámbitos ejecutivo y legislativo; dicho de otra forma, espero con ansias tener las boletas en las que cruzaré el recuadro que contiene el nombre y la imagen partidista de quien quiero que sea mi presidente, mi senador, mi diputado federal, mi diputado local, mi presidente municipal y regidores, porque sí, van a ser míos, me van a representar y van a defender mis intereses y los de los zacatecanos, y los de los mexicanos.

 

#YoSíVoyAVotar no explica ni pretende aventurarse en escudriñar sobre el ánimo social o lo que sea que cada persona con credencial de elector y con ganas de acudir a la urna piense sobre el sentido político de su voto; o sea, me vale pura chiflada si votan por Juana o por Chana. Lo que me importa es que votemos.

 

México ha cambiado un chorro en los últimos años y muchos de esos cambios se han logrado desde y con el poder del sufragio; el voto apoya, el voto castiga, el voto reconoce y premia, el voto duele. Pero como buen mexicano, como zacatecano chingón, voy a ir a votar y animaré a quienes no les importa votar a que experimenten la misma sensación de satisfacción mía cuando deposito la boleta doblada en la urna. Aunque duela.

 

*Politólogo


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