ANDREA AGUILERA RAMÍREZ*
ANDREA AGUILERA RAMÍREZ*

Convivo con personas de diferentes edades, escucho la opinión de quienes creen en algún tipo de revolución social, cuasi marxista, cuasi anarquista, cuasi fascista y hasta dictatorial. Escucho a los que consideran que la política no sirve para nada, creen que todo ese tema es un gran desperdicio. También escucho a personas que fanatizan el cambio necesario, a los partidistas y, por supuesto, a los abstemios electorales. Todos tenemos una opinión, fundamentada o no, sobre la situación política del país, de alguna o de otra manera consideramos ocuparnos o preocuparnos por nuestro comportamiento político.

Se acerca el primero de julio, este año, por un lado, hay elecciones presidenciales, el país entero tendrá la obligación y la oportunidad de elegir a quien lo gobernará en los próximos seis años, por otro, una vuelta más al sol de aquellos ojos divinos. Será un fin de semana complicado, hay muchas cosas que pensar, también nos toca elegir quien gobernará la capital zacatecana. Resulta muy difícil tomar decisiones sobre todo cuando no se tiene un panorama claro de los pros y los contras que implica dicha elección. ¿Valdrá la pena presentarse frente a una casilla? ¿A quién le interesa realmente marcar un cambio a partir del voto, sirve?

Ese domingo podría ir a tocar una puerta y solicitar una audiencia con quien marque un cambio directo en mi vida, así el primero de julio sería un día con un vuelco importante en mi realidad, sin embargo, aquello resulta mucho menos probable que encontrar mi casilla correspondiente para votar. Es más fácil que elija a un candidato que me represente a que logre concretar una mesa de diálogo en Magnolias, donde la puerta quizá no se abra y, de hacerlo, tal vez no se pueda llegar a un acuerdo, porque yo creo en la política como herramienta de gobierno, mientras de aquel lado hay quien la señala como merde, y así nos convertimos en representantes de posturas opuestas, ejemplo de al menos dos categorías de percepción de la ciudadanía en nuestro país.

Invariablemente cada periodo electivo hay quienes extienden la mano para marcar una boleta, para tomar una dádiva, o para inscribirse como parte de los actores de regulación electoral, y aun así la participación activa de la ciudadanía a la hora de ejercer el voto, no rebasa el cincuenta por ciento del padrón electoral. La perspectiva ciudadana, al menos en mi experiencia, no es diferente respecto de lo que acontece en cualquiera de los tres niveles de gobierno. Se oye hablar de “lo mismo de siempre”, se ha normalizado el actuar político tanto de los ciudadanos como de los actores políticos, en función de la incapacidad de cada uno de responder a los requerimientos del otro.

No trabajas, no te exijo, me quejo, te robo, nos mentimos y de pronto estamos en una relación toxica que lleva años en ese tenor. “Tenemos lo que merecemos”, versan los conocedores del tema. Francamente no tengo muchos argumentos en contra, me gustaría ser capaz de pensar diferente e imaginar otra posibilidad que alterne con la realidad que vivimos. Hay un gran índice de abstencionismo, otro mayor porcentaje de voto indeciso y al final quien marca la tendencia de voto termina siendo una minoría, ellos eligen por todos.

Se nos olvida que el poder existe en nuestro voto informado, en la conciencia crítica y en la congruencia civil que como ciudadanos dejamos de lado. Todavía creo que si concientizamos la participación ciudadana e informada en el ámbito político podremos encontrar un hilo de dónde jalar para cambiar las cosas, para deshacer el círculo vicioso en el que nos encontramos en esta materia.

Queda mucho trabajo por hacer, debemos fomentar el pensamiento crítico en función de la capacidad de cuestionar el actuar social tanto de los actores políticos como de la ciudadanía. Somos responsables del acontecer nacional, somos la revolución y la dictadura. Si pienso en un cambio real, solamente puedo imaginarlo desde raíz, un sexenio no basta.

Y aquí la pregunta era ¿por qué votar? A lo que respondo, porque el primero de julio ya no tengo nada que festejar públicamente. Además creo en la llana política como herramienta de cambio, debemos cumplir con nuestra responsabilidad civil.

 

*Mercadóloga.

Actualmente estudia Literatura en la Universidad Autónoma de Zacatecas

 


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