SERGIO SARMIENTO
SERGIO SARMIENTO

 “Ganar es un hábito. Desafortunadamente, perder también lo es.”

Vince Lombardi

            ¿Qué tendríamos que hacer para tener una selección que derrotara a las grandes potencias futbolísticas, pero no de manera excepcional, sino sistemática?

Los países ricos suelen tener mejores desempeños en las competencias deportivas. Por eso no sorprende que Alemania sea el equipo número 1 en la lista de la FIFA. El dinero, sin embargo, no garantiza el éxito. Algunos países ricos, como Estados Unidos, Canadá y Australia, han sido malos o mediocres en el futbol, en buena medida porque su población no se interesa en este deporte. Esos mismos países, sin embargo, pueden ser excepcionales en los deportes que sí les interesan.

Como en México sí hay un gran interés en el futbol, una medida lógica para mejorar el desempeño deportivo sería aumentar de manera significativa la prosperidad del país. Claro que es más fácil mejorar el juego de la selección.

Algunos países pobres tienen mejor desempeño en la cancha que en la economía. Brasil es el mejor ejemplo. Con un producto per cápita muy similar al de México, su futbol es inmensamente superior. Algunos dicen que la diferencia es la población negra, que presuntamente tendría una mayor capacidad atlética, pero entonces no se explica por qué los países africanos no han podido alcanzar las cumbres del futbol hasta la fecha. El que en Brasil hay un gran número de niños y jóvenes que aspiran a ser futbolistas, y que se incorporan a las escuelas de los equipos, explica mejor el excepcional desempeño de Brasil.

Uruguay tiene un mayor desarrollo económico que México, pero una población muy pequeña, de apenas 3.4 millones. Sin embargo, Uruguay ha sido campeón del mundo en dos ocasiones y en este momento está en el lugar 14 en la lista de países de la FIFA, por arriba del 15 de México.

Uruguay, como Argentina, tiene una larga e intensa tradición futbolística. Casi todos los niños participan en ligas estructuradas desde pequeños y los que tienen talento son reclutados para las escuelas y las fuerzas inferiores de los equipos profesionales. “Todos los uruguayos nacemos gritando gol”, decía el escritor Eduardo Galeano.

España empezó a transformarse en lo deportivo a partir de los años setenta. Con anterioridad su desempeño deportivo no era superior al mexicano, pero a partir de 1982 los deportistas españoles empezaron a tener resultados cada vez mejores. Hoy España es una de las grandes potencias deportivas del mundo. Lo logró aumentando de forma radical su prosperidad, pero también dedicando recursos públicos importantes para construir infraestructura deportiva y apoyar a atletas de talento.

Cuba no se distingue en el futbol, pero sí ha tenido un excepcional desempeño en otras actividades deportivas a pesar de sus carencias económicas. Los antiguos países comunistas registraron también buenos resultados deportivos, aunque su sistema económico fuera un fracaso. Cuando un gobierno autoritario dedica amplios recursos al deporte puede lograr triunfos importantes.

México no puede volverse próspero como por arte de magia, pero sí ampliar los programas que permiten identificar talento y desarrollar a deportistas de talento. El dinero puede venir del sector público, como en Cuba, o del privado, como en Estados Unidos. En la actualidad, sin embargo, las escuelas públicas mexicanas, que deberían ser el semillero, tienen poca o nula actividad deportiva. Mientras esto continúe, no podremos esperar que la selección nacional venza a la alemana con mayor frecuencia.

 

Voto del miedo

En Colombia, Iván Duque, apoyado por Álvaro Uribe, derrotó al ex guerrillero Gustavo Petro. El rechazo al tratado de paz con las FARC fue importante, pero también el desplome de la vecina Venezuela. Las regiones fronterizas votaron abrumadoramente por Duque.

 

Twitter: @SergioSarmiento


Los comentarios están cerrados.