OLAYA SAMPEDRO MARTÍNEZ*
OLAYA SAMPEDRO MARTÍNEZ*

Me siento muy afortunada al enviar estas líneas, donde puedo decir, sin duda, que tal como lo expresó mi hermano José de Jesús en la entrevista radiofónica con Francisco Esparza, hemos crecido en una familia muy unida. Es verdad, lo que le pasa a uno de nosotros le pasa a los demás. Es por eso que puedo festejar que mi hermano sea el merecedor este año del Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde.

Digamos que ése es un motivo de alegría, pero tengo yo otro privilegio: el haber convivido con él toda la vida, el haberlo visto como un ejemplo de honestidad intelectual. Pienso ahora, aquí desde mi consultorio médico, que yo no me habría inclinado por la psiquiatría si él no hubiera ejercido (directa o indirectamente) una marcada influencia por esa preferencia. En los hospitales y en mi práctica diaria, he convivido que aquellos que viven su vida en lo que tienen de más precario, la vida real como lo escribió André Breton, un poeta cuya ética y pureza de pensamiento marcó desde su juventud a José de Jesús.

Hay otras muchas cosas que debo agradecerle: encontré la correlación entre enfermedad y literatura gracias a las lecturas de los libros que, sin decir mucho o nada, me dejaba encima del escritorio. Le debo el gusto por la música, por la pintura y por el arte en general.

Qué más podría anotar aquí si le debo su presencia en los momentos difíciles que hemos enfrentado juntos y en familia. Qué más podría anotar aquí si él me ha dado parte de este sentimiento que puede percibir un paisaje y mirar el universo de la misma bretoniana forma que se puede presentir “una flor sin corazón”. Qué más, díganme qué más porque se agotan mis palabras.

 

Hermosillo, Sonora, junio de 2018.

 

*Médico, ejerce en la ciudad de Hermosillo, Sonora


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