EZEQUIEL CARLOS CAMPOS*
EZEQUIEL CARLOS CAMPOS*

…significaba que la luna sería un encuentro duro.

José de Jesús Sampedro

 

Muchas veces las fiestas abren el espíritu, uno se transforma al momento de escuchar la música en el antro, en las casas solas de los amigos –benditos sean–, en los bares de todos los días; como si el alcohol, los ritmos, los cuerpos medio tambaleantes, el olor impregnador de los cigarros hicieran la maldad de llevarnos bajo una balsa a la delgada línea del enamoramiento, el desamor, las caricias y el sexo. Cuántas ocasiones no hemos pensado en la poesía en alguno de estos lugares. Y esto quiere decir que la poesía no está peleada con las fiestas: hay un apareamiento de lenguaje, un juego previo para llegar al clímax. Las palabras mueven a las personas, así como las cumbias, la salsa y el rocanrol de las rocolas.

Entrar a la fiesta: sentir el aire completamente alcoholizado, la noche volviéndose cómplice, percibir a las personas que miran cuando llegamos y sentir que todos quieren algo; sus ropas exigen ser desprendidas, los movimientos de las caderas y el caminar piden un roce de mirada. Abrir y cerrar los ojos, letanía fotográfica que entre cada parpadeo las imágenes se plasman y se guardan en nuestra mente. Abrir los ojos para que la oscuridad se perciba y las luces tatúen cada parte del cuerpo. Cerrarlos cuando el cansancio mete ruido.

En Party Animals de Sergio Pérez Torres, el lector entrará a la fiesta que desde el título nos señala, aquella en la que todos parecen animales salvajes. Las más chidas. Desde las diez de la noche, momento en que se entra a la fiesta, se abren los ojos para poder ver todo lo que en la noche traerá; hasta las siete de la mañana, cuando, ya después de todo, se cierran los ojos, se duerme, porque el día y la noche, en este punto, se confunden y es necesario retomar fuerzas para el nuevo día.

El baile es punto clave en este libro; en qué fiesta no se baila, si no hay música no se da luz verde para iniciar el juego entre personas para el conocimiento y la seducción. Sergio Pérez Torres, mediante postales de lenguaje, escribe la bitácora del poeta fiestero, en donde encontramos ese lapso desde que se llega y se acaba la fiesta. ¿Qué cosas suceden mientras todo está al máximo volumen, y hay alguien por ahí que piensa en la poesía mientras toma alcohol y mueve los pies al ritmo de la música? La voz poética en este libro se transforma en el transcurso de las nueve horas de fiesta: cómo al inicio, desde pequeños poemas, sinceros, encontramos el amor, bajo una noche que alumbra como bola de disco: “La noche no es suficiente para ambos”. Esta trasformación se divide entre partes: la fiesta, llegar a casa a terminar ya todo y el insomnio del estar ebrio, cansado y pensativo, todavía con la euforia y el ritmo de la música en la sangre.

Bitácora fiestera: el alcohol que va quemando los cuerpos y subiendo la temperatura donde el sexo es el único bálsamo para el bienestar; el juego de palabras para llegar a la cama de alguien, la travesura del roce que dice más de lo que aparenta: “Veo cómo su voz y mi voz se desvanecen, / el vapor de la cerveza y el humo del cigarro / vuelan de mi boca a la suya”. Y que la fiesta se vaya consumiendo, como los cigarros, el alcohol y la noche: “Él y yo sólo bailamos, / pero detrás de nuestros cuerpos, / escondidas de las luces, / su sobra y mi sombra hacen el amor”.

Sergio Pérez Torres nos dice que ninguna diversión está alejada de la poesía, cualquier cosa, por muy mínima que sea, tiene esencia poética. Los poemas que componen Party Animals son como una fiesta de animales lingüísticos que señalan que el hombre necesita de todo eso para seguir haciendo el día a día: “La madrugada sabe qué hacer conmigo”. Un hombre nocturno que, en el momento en que la luz aparece, cierra los ojos porque lo que pasa en la fiesta se queda en la fiesta.

 

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