ABAD ERAMOS SÁNCHEZ PIEDRA*
ABAD ERAMOS SÁNCHEZ PIEDRA*

Fotos: Hugo Leandro

Con mis manos cansadas de cargar mi 30 30, como parte de los estragos del movimiento armado que se suscitó en mi país, como medio de repudio al gobierno autoritario de Porfirio Díaz, vi la oportunidad de establecer mi vida en el semi desierto zacatecano, después del mes de febrero, cuando las leyes publicaron los beneficios para mi gente y los anhelos de la lucha armada se veían cumplidos. Se repartieron las haciendas, pero sobre todo en mi terruño un pueblito dividido por el ferrocarril, los cuales se llamaban El Porvenir y Cañitas, en donde sobrevivíamos de la elaboración de jabón y cerillos en la pequeña fabrica ubicada en el Porvenir y la estación de Cañitas, fue el impulso para los habitantes de la pequeña población que fue erigida por ese camino de hierro que después de casi 101 años de vida, veo con tristeza.

Recuerdo cuando surgieron los rumores de crear un ejido en la nueva población que se ubicaría a escasos dos kilómetros y tendría como nombre de Empalme Cañitas. Pasó por mi mente la idea de enlistarme y sufrir los estragos de los movimientos aislados, los días en el desierto esperando los alimentos y en otros días que fueran por nosotros después de varios días de trabajo, la línea de Cañitas a Durango fue lo que dio impulso, así vi nacer a una nueva población como parte de la lucha reivindicadora para la dotación de tierras, ubicada en el kilómetro 816.100; que contaba con máquinas, por mencionar una de clase G-21 con cilindraje de 21×26, 200 libras, 85% de fuerza de tracción, una capacidad de 142 toneladas que recorrían de Río Grande a Cañitas y viceversa con números 503 y 569, de vía ancha y presión de vapor.

La remembranza me llega y mi suspiro me hace sentir el aire que choca sobre mi cara, qué nostalgia la de aquellos primeros años. Se me viene a la mente la fiesta y el alboroto que se hizo aquel lunes 15 de julio de 1917, cuando salió el primer tren de cañitas a rumbo a Río Grande, en él iban personalidades de gobierno del estado, también se me viene a la mente la cantidad de ganado que se embarcaba y cómo llegaban los ganaderos para enlistar sus reses; no se diga la comida que elaboraban los chinos, mmmm, qué delicia, los manjares que se probaban en los pasillos del tren, evoco a aquella pareja que se despidió con un beso y la hermosa mujer cañitense abordó el tren rumbo a no sé dónde, pero su hombre que quedó con cara de tristeza y el nudo en la garganta no le permitió soltar el llanto, recuerdo a mis compañeros laborando en los pasillos, en las oficinas pero, sobre todo, en el taller en donde nos dábamos la oportunidad de crear nuestras propias herramientas de trabajo entre otras cosas más, me encantaba en olor que despedía la madera llena de aceite entre los hombres trabajando.

En mi memoria está aquella locomotora que con su silbido daba el comienzo de una nueva historia y las personas que se quedaban en tumulto despidiendo a los familiares. Cómo no recordar a mi gobernador predilecto, Francisco E. García (padre de la también gobernadora Amalia García Media), quien nos visitaba y, entre música, bebida y algarabía, engalanaba las fiestas en el salón del hotel de tripulaciones y uno que otro lugar que se acondicionaba para el festejo.

Los ocho de enero entre gente de muchos lugares que pernoctaban en los más de nueve hoteles que había para degustar la fiesta patronal en honor a Nuestra Señora de San Juan de Cañitas. Cómo no hablar de los ferrocarrileros que decidieron, a partir de la década de los años 40, celebrar a la Virgen de Guadalupe y declararla patrona de los ferrocarrileros y hasta hoy en nuestros días se sigue realizando.

Pero también me entristece aquel año de 1998, cuando nos quitaron el tren de pasajeros y mucha gente se quedó sin trabajo. En ese momento mi gente, mi pueblo, mi vecino, mi amigo que vendía alimento y recuerdos a los pasajeros, perdió su fuente de ingresos. Lo único que nos quedó fue emigrar, muchos nos fuimos de aquí porque no había de que vivir. Sólo quedó Fidelita 907, que lamentablemente se fue rumbo al sur del país nuevamente quedándome con las ganas de llorar, pero nadie hizo nada, que nos pasó, dónde quedó aquello que nos daba identidad.

Mi pueblo, mi querido pueblo que tengo como una marca indeleble, un pueblo ferrocarrilero que nunca ha dejado de serlo, porque lo que se vivió y aprendió, jamás pero jamás… muy difícilmente se olvida y eso, eso es histórico, porque conservamos el más perfecto estado de brillo de lo que fue y es el ferrocarril; ojos alegres, el silbato del tren que se despide entre viajeros, familiares y extraños que van en una travesía larga que nos comunica con el resto del país.

Mi pueblo de Cañitas llegó a ser una pequeña Babel, alrededor de la multitud, los viajeros, los vendedores de gorditas, enchiladas, etcétera, de los gritos musicales que sonaban plácidamente en los oídos de los transeúntes y uno que otro ojo picaresco capaz de retener en su memoria el estímulo sonriente del ruido de las ruedas sobre los rieles y el inolvidable silbido largo, largo como un aullido de lobo, que nos motivaba correr para verlo llegar entre el polvo y humo que se entrelazaba con nuestra piel.

Y ahora qué sucede, no me lo explico, hoy jueves 31 de mayo vi el último tren detenerse. Recuerdo la misma sensación de angustia, desesperación y con ganas de soltar el llanto como hace 20 años, mañana saldrá el último tren local rumbo al sur llamado 23h30. El dicho me dice que si no conozco mi historia estoy condenado a repetirla, pero, yo, yo sí la conocía, ¿qué fue lo que pasó?

Hoy sólo me pregunto, ¿qué recuerdos aquellos que ha vivido mi pueblo, los cañitenses? Yo tan sólo un pedazo de hierro que me llaman riel, me quedo triste y sólo suspiro cuando de ahora en adelante pasará y ya no se detendrá el tren, ni su silbido ni los rechinidos volverán a ser igual. El nudo en mi garganta no me deja hablar más, espero y mi pueblo reaccione, me defienda, me cuide como yo lo he hecho dando abrigo a toda mi gente. No me dejen solo como algo pasajero, no soy un recuerdo, soy su vida, soy la gente de cañitas, ayer, hoy, mañana y siempre.

 

*Cronista vitalicio de Cañitas, Zac


Deja un comentario