Lic. En T.S Gabriela Rodríguez Vázquez., consejal del Consejo Estatal de Bioética

 

Hablar del Trabajo Social; educación y Bioética en el sector salud, constituye un triángulo fundamental en el análisis de la intervención, en la construcción de procesos direccionados hacia la equidad. Para lograr cambios conscientes y duraderos en las personas no es suficiente tratar de modificar conductas y actitudes, hay que dirigir el trabajo educativo y en general hacia el reforzamiento de los valores, entre ellos sobresale la solidaridad.

Otra evidencia usual es la atención a los pacientes en las instituciones públicas cuya característica, en los últimos años, fue la deshumanización propia en el modelo industrial–capitalista en el que se prima la productividad y la cantidad por encima del sujeto. En la organización de los servicios el profesional en ocasiones actúa por urgencia o necesidad de la dependencia y su actividad que consiste en llenar las agendas y dar instrucciones sobre servicios o trámites etc., o en salas de espera instruyendo sobre la atención.

El Trabajador Social en este sector no puede ser un actor pasivo o burocrático ante las necesidades, debiere acompañar al paciente–usuario en su tratamiento– proceso, con elementos técnicos– metodológicos; producto de la investigación social, con herramientas socioeducativas en la atención integral (fomento, prevención, atención y rehabilitación), su labor no concluye en las clínicas debería ir a la familia y a la comunidad generando acciones de desarrollo social.

Lo ideal sería un modelo–esquema que permita a los profesionales de la salud, además del tiempo necesario para la consulta–intervención, que esta fuera multidisciplinar, con seguimiento y evaluaciones periódicas, respetando el libre albedrío del paciente, generando espacios de atención integral donde la educación se privilegie, al igual que la prevención, la rehabilitación, sin olvidar otras vertientes sustantivas; la investigación, cuantitativa- cualitativa y la administración, que son la fuente alternativa para la atención humana, accesible y oportuna a las necesidades de los usuarios.

El trabajador social interviene en la atención de necesidades sociales, movilizando recursos con el fin de colaborar a la superación de situaciones de carencia y de necesidad en que se encuentren los individuos, grupos o comunidades. Para lograr lo anterior, establece vínculos con instituciones de los sectores públicos, privados y sociales, mediante actividades de promoción, canalización, orientación, organización, planeación, etc.

La intervención del trabajo social y del equipo de salud en la problemática socio–medica requiere de competencias para el médico, algunas de ellas; la auscultación, el diagnostico, la prescripción etc; en el caso de los trabajadores sociales la propuesta por diversas instancias signa; la gestión, la investigación y el bienestar social, a través de políticas públicas para superar la vulnerabilidad, a través de los niveles de intervención; caso, grupo y comunidad como tradicionalmente se maneja, la propuesta holística, la administración, la supervisión y la investigación.

“No se puede concebir ninguna trasformación, en ninguna de las dimensiones del sistema de servicios de salud, sin considerar el papel fundamental que juega el personal” (Brito y Granda)

La Bioética moderna no está solamente ocupada con los experimentos médicos en seres humanos, sino también de tratamientos médicos, la participación de pacientes y comunidades en la toma de decisiones acerca de las intervenciones médicas y de quienes tienen acceso a estas.

La salud es un valor y una necesidad de primer orden en el desarrollo social, en especial a aquellos que se otorgan con modelos solidarios que deberían procurar el otorgamiento de la atención en forma holística, y donde la bioética sea un elemento sustantivo que responda a la vigencia entre la ética y la naturaleza.

Los médicos enfermeras, nutriólogos, comunicólogos, trabajadores sociales, entre otros profesionales de la salud que trabajan con pacientes, están obligados en familiarizarse con la bioética e integrarse a los comités hospitalarios de bioética para estar seguros de que las reglas y guías generadas por la bioética contemporánea lleguen a la cabecera del enfermo, así como los principios de beneficencia, no maleficencia, autonomía y justicia, sean observados en la particularidad de cada caso.

Los principios bioéticos se emplean en la toma de decisiones del quehacer de las profesiones, son directrices generales que gobiernan la conducta, proporcionas una base para el razonamiento y dirigen acciones institucionales que permitirán una atención que idealmente debe ser de excelencia a la salud que la población requiere.

 

Lic. En T.S Gabriela Rodriguez Vázquez., integrante del CEB.


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