SERGIO SARMIENTO
SERGIO SARMIENTO

“El proteccionismo hará muy poco para crear empleos y si los extranjeros toman represalias sin duda perderemos empleos.”

Alan Greenspan

 

Los populistas toman medidas irracionales para lograr un beneficio en la opinión popular que se traduzca en votos, sin pensar que están generando mayores problemas en la economía real. Ahí está el caso de Donald Trump, presidente de Estados Unidos, cuyo gobierno anunció ayer la aplicación de aranceles punitivos de 25 por ciento al acero y de 10 por ciento al aluminio importado de México, Canadá y la Unión Europea. La medida parte de la idea de Trump de que las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar.

Los nuevos aranceles violan abiertamente las reglas de la Organización Mundial de Comercio y las del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Los justifican con la excusa de que las importaciones de acero y de aluminio representan una amenaza a la seguridad nacional de la Unión Americana y con la afirmación mercantilista de que tener un déficit comercial es malo para el país.

El gobierno de Trump no ha hecho ningún intento por demostrar que, efectivamente, el acero y el aluminio importados sean un peligro para la seguridad de Estados Unidos. De hecho, los especialistas en seguridad señalan que, por el contrario, la amplia disponibilidad de estos metales gracias al libre comercio fortalece la seguridad estadounidense. Tampoco Trump se detuvo a considerar que Estados Unidos tiene un superávit, y no un déficit, en el comercio de acero con México. Más que defender la seguridad estadounidense, Trump busca castigar a sus socios de Norteamérica y Europa por no ceder ante sus múltiples caprichos y berrinches.

El gobierno mexicano respondió ya con represalias comerciales. Ayer, la Secretaría de Economía anunció la aplicación de aranceles para los aceros planos, lámparas, piernas y paletas de puerco, embutidos y preparaciones alimenticias, manzanas, uvas, arándano, quesos y otros productos de Estados Unidos “hasta por un monto equiparable al nivel de la afectación”. La verdad; sin embargo, es que con estas sanciones salimos perdiendo los consumidores mexicanos. De igual manera, los consumidores estadounidenses serán quienes paguen los aranceles ordenados por Trump.

El nacionalismo económico surge de supuestos falsos. Los aranceles al acero y aluminio no harán que baje el déficit comercial de Estados Unidos, porque éste es producto de factores como el bajo nivel de ahorro, el superávit en la balanza de capitales o el crecimiento relativamente rápido de la economía estadounidense que no tienen nada que ver con los impuestos a la importación. Para entenderlo; sin embargo, se requiere de un mínimo de conocimiento económico, que Trump no tiene. Esto quedó en evidencia cuando impulsó un recorte en el impuesto sobre la renta sin darse cuenta de que elevaría el déficit comercial.

Supongo que México no tiene más opción en este momento que aplicar aranceles compensatorios. Una falta de respuesta se interpretaría como una rendición ante Trump y nos debilitaría en la renegociación del TLCAN. Los mexicanos, empero, no podemos cerrar los ojos al hecho que el proteccionismo, ya sea de Trump o de cualquiera, no beneficia a nadie, más que a los políticos que pretenden comprar votos al mostrarse duros frente a los extranjeros a los que responsabilizan de los males que ellos mismos provocan.

 

Baja el peso

El peso mexicano resintió de inmediato el golpe de los nuevos aranceles de Trump. A las 2:50 de la madrugada de ayer, el dólar estadounidense se cotizaba en 19.7299 pesos en los mercados internacionales de mayoreo. Para las 11:40 estaba en 20.0037 (Bloomberg), 1.4 por ciento más. Lo paradójico es que un dólar más caro significa un mayor déficit comercial para Estados Unidos. ¿Por qué será que nada le sale bien a Trump?

 

Twitter: @SergioSarmiento


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