NATALIA PESCADOR / ENVIADA ESPECIAL | NTRZACATECAS.COM
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MADRID. El vigésimo festejo de abono de San Isidro 2018 fue protagonizado por seis auténticos mansos, un encierro digno para el olvido.

Tardes así recuerdan que en el toreo nada está escrito y que los toros no tienen palabra de honor.

Lo que para muchos se convierte en un atractivo por estar bajo el común de las denominadas “corridas duras”, para otros es un hastío claro de no querer ver lidiar esto en la Catedral del Toreo.

Este domingo lo único aplaudible fue la actitud de Rubén Pinar, Venegas y Gómez del Pilar, quienes tuvieron la actitud para inventarse series imposibles.

Los tres, firmes en Madrid, y la afición les reconoció ese valor.

Hablar de una tarde poderosa es el calificativo más apegado a la realidad, pues los dos primeros toros, dentro de su mansedumbre, tuvieron un peligro latente, y Pinar y Venegas estuvieron ahí para decir presente en las corridas que las figuras rechazan.

Rubén Pinar abrió la tarde con el toro Botero, número 25, de 604 kilos, de la ganadería de Dolores Aguirre, un toro áspero y brusco de la ganadería de El Pilar que no regaló nada, con el que el diestro tuvo mucha firmeza y determinación, robándole tandas de mucha valía.

Por el izquierdo se quedó corto, pero Pinar lo sometió y solventó una meritoria labor. Mató con habilidad al segundo viaje y saludó en el tercio.

Venegas tampoco tuvo a un toro fácil, pues Caracota, de Dolores Aguirre, tuvo mucho peligro. Este, a diferencia del primero, tuvo menos recorrido y no regaló nada.

Estar firme como lo estuvo Venegas es de reconocerse, extraer muletazos llenos de solvencia fueron un punto a favor. Se quedaba y se colaba el toro en cada oportunidad, el lucimiento era realmente imposible. Estocada defectuosa al primer viaje. Palmas.

El tercero, que correspondió a Gómez del Pilar, Carafea, de 574 kilos, desde salida mostró que salía suelto, por lo que fue complicado tanto en la suerte de varas como en las banderillas.

En la muleta pudo someterlo con mucho poder el torero. Se tuvieron que tener las ideas claras ante un manso así, pero sobre todo las ganas y voluntad para robarle los muletazos. Prácticamente lo siguió por todo el redondel, se escupía, buscaba las tablas, pero ante eso, muleta firme y poder, porque además de manso, el de Dolores Aguirre tuvo genio. Ante un toro que no humillaba nada, con decisión se tiró a matar Gómez del Pilar, quien dejó la espada en buen sitio y fue aplaudido.

Con el cuarto, Pitillo, de 640 kilos, Rubén Pinar se estrelló con la mansedumbre, sacándolo apenas del terreno de las tablas, ligaba dos muletazos y el toro salía suelto. Aquí la labor fue imposible. Tuvo habilidad en la suerte suprema y se retiró en silencio.

Venegas costeó otro manso, Cigarrero, el quinto del festejo, que no dio opción alguna, fue imposible estructurar una faena o ligarle dos pases. Fue ovacionado en el tercio.

El sexto, Bilbatero, de 634kilos, fue el cierra plaza y correspondió a Gómez del Pilar, quien se fue a porta gayola, decidido a esperar lo que saldría por la puerta de toriles.

Lo esperó y el toro pasó para ligarle una larga cambiada, después de ahí, labor titánica meter al toro; éste, a diferencia de los cinco anteriores, terminó por echarse en la misma puerta de toriles.

 

 

FOTOS: MANOLO BRIONES


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