NATALIA PESCADOR | NTRZACATECAS.COM
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MADRID. Roca Rey salvó el decimosexto festejo de abono de la Feria de San Isidro, al corta una oreja ante unos toros mansos y deslucidos, siendo un encierro que no ofreció nada.

En medio de un fuerte aguacero se desarrolló la mayor parte del festejo, en el que se colgó el letrero de No hay billetes, teniéndose un lleno hasta las banderas.

Poco duró Casero, el abre plaza de Victoriano del Río, noble descastado y justo de fuerza.

Perera, vistoso en el quite y con una tanda de calidad por derecho. Abrevió Talavante ante el inválido segundo, Cantaor, de Victoriano del Río. Silencio.

El tercero, Navegante, se rajó muy pronto pero mostró el chispazo de Roca Rey con sus inicios de faena, sin embargo, la espectacularidad terminó por perderse.

Perera, correcto con poca transmisión con el cuarto, Quitaluna, que se rajó para ser silenciado. Talavante sin opciones ante el quinto, mientras que Roca Rey buscaba poner a toda costa la emoción con el sexto.

Miguel Ángel Perera saludó de manera breve al abre plaza que llevó por nombre Casero, toro castaño de 556 kilos de peso, del hierro de Victoriano del Río.

Variedad en el quite para después brindar su faena al respetable y comenzar con mucha suavidad en la muleta, despacio y sin prisas. A compás y en ritmo tomó el toro la primera serie con tres derechazos largos, una serie más con clase para después ligar el toreo por naturales. El toro se fue a menos, duró muy poco y con ello el lucimiento del torero, que falló con la espada de verdad. Silencio.

El segundo del festejo, Cantaor, de 516 kilos, fue protestado desde salida por su presencia, no se prestó para el lucimiento, un toro inválido que no caminó pese a la voluntad puesta por el extremeño. Errático con la espada de verdad, se retiró en silencio.

Una fuerte tormenta cayó sobre el coso venteño cuando salió el tercero del festejo, Navegante, de 524 kilos, para Andrés Roca Rey, quien con cambiados por la espalda comenzó su labor; el toro mostró genio y movilidad, pero también aspereza.

Por el izquierdo mostró que se quería rajar, buscó plantar cara el peruano, que sigue sin esa comunión con el público madrileño. El toro ya en tablas no ofreció más. Silencio.

Quitaluna, de 533 kilos, fue el cuarto del festejo para Miguel Ángel Perera, quien con mando cuajó muletazos por el pitón derecho, el toro tuvo movilidad y así permitió una serie más por derecho.

Cuando lo buscó por el izquierdo, al toro le costó más y Perera dejó la muleta en la cara para obligarle, a esta altura de la faena el de Victoriano del Río ya buscaba las tablas para mostrar su condición de manso. Poco contenido ya sin transmisión de Perera al final del trasteo. Mató al primer viaje y fue silenciado.

Entonado, de 563 kilos, quinto del festejo, manso y deslucido, otra mancha más al pobre encierro. Talavante estuvo voluntarioso, dejando en el ruedo los destellos de calidad. Abrevió para ser silenciado.

Distante, de 573 kilos, fue el cierra plaza para Andrés Roca Rey, vibrante con tafalleras y un inicio de muleta que prometía más, pasándose muy cerca al toro. Cambiados por la espalda, corriendo bien la mano y con mando por derecho, consiguió el temple, profundidad y el ritmo.

Poco encontró por el izquierdo y apostó por la senda derechista, tuvo mucha firmeza, dando un extra y teniendo un arrimón que emocionó a la plaza. Gran estocada para así tener petición mayoritaria, concediéndosele la oreja.


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