Ma. Isabel Martínez Salazar
Ma. Isabel Martínez Salazar

DERECHO A PROTECCIÓN DE LA SALUD

 

Cuando hablamos de los derechos humanos conviene recordar que uno de los más importantes es el derecho a la salud.

Según la OMS, el derecho a la protección de la salud es el derecho de cualquier persona a conseguir el grado máximo de salud que se pueda lograr sin distinción de raza, religión, ideología política o condición económica o social. Este derecho protege a su vez varios derechos y libertades.

Derecho a tener acceso a un sistema de protección de la salud que garantice a todos los ciudadanos las mismas oportunidades para disfrutar del grado máximo de salud.

Libertad para controlar tu salud y tu cuerpo sin injerencias. Eso incluye libertad sexual y reproductiva o libertad para rechazar un tratamiento.

En la Declaración Universal de Derechos Humanos, aprobada por la asamblea General de la ONU el 10 de diciembre de 1948, inicia al desarrollo internacional de este derecho, estableciendo en su artículo 25.1 que: “Toda persona tiene derecho a un nivel adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, vejez y otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad”.

En México, el derecho a la protección de la salud tiene rango constitucional desde 1983. En los debates para reconocerlo se mencionaron temas que siguen siendo de relevancia actual, como la responsabilidad del Estado en el tema de la salud, la prestación a través de servicios y atención igualitaria y la urgente necesidad de proporcionar a la población otro tipo de servicios relativos a los determinantes básicos de la salud o determinantes sociales. Ese derecho se concreta por medio del Sistema.

Si bien es cierto que la protección de la salud de los mexicanos se encuentra a cargo del estado, es importante reconocer que ha todo derecho se encuentra ligada una obligación de la cual hacemos caso omiso ya sea por desconocimiento o falta de voluntad. Muchos de los problemas de salud pueden prevenirse si optamos por practicar estilos de vida saludables, definidos como un conjunto de comportamientos o actitudes cotidianas que realizan las personas, para mantener su cuerpo y mente de una manera adecuada.

La estrategia para desarrollar estilos de vida saludables radica esencialmente, según Bassetto (2008), en el compromiso individual y social que se tenga, sólo así se satisfacen necesidades fundamentales, se mejora la calidad de vida y se alcanza el desarrollo humano en términos de la dignidad de la persona.

Algunos ejemplos de estilos de vida saludable son: El autocuidado, ingerir agua y una alimentación adecuada, realizar actividad física al aire libre y disfrutar del ocio, dormir y descansar las horas adecuadas, mantener la higiene personal, evitar accidentes en el trabajo, brindar afecto y mantener la integración social y familiar, promover la convivencia, solidaridad y tolerancia, asistir a revisión médica mínimo una vez al año, mantener la autoestima, el sentido de pertenencia e identidad, evitar factores de riesgo como obesidad, estrés, alcoholismo, tabaquismo y controlar si existen patologías como la diabetes e hipertensión.

El adoptar estilos de vida saludables nos llevaría a prevenir casi el 80 por ciento de enfermedades crónicas, ahorro en medicamentos, consultas médicas y hospitalización.

Tenemos un compromiso de cuidar nuestra salud, evitemos a través de practicar estilos de vida saludables llegar a patologías que pudieron evitarse.


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