Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento

“Retiro la candidatura de la contienda por un principio de congruencia, por un principio de honestidad política.”

Margarita Zavala

 

No ha pasado tanto tiempo. En agosto de 2016, Margarita Zavala estaba en primer lugar en las encuestas. La de Reforma le daba 26 por ciento, contra 24 por ciento de Andrés Manuel López Obrador. La gran diferencia es que Margarita era la posible candidata del PAN, el partido en el que había militado toda su vida. En la encuesta de Reforma del pasado 2 de mayo, la candidata independiente sólo obtenía 3 por ciento de los posibles votos.

Hace mucho tiempo era claro que la candidatura independiente no llevaría a Margarita a la Presidencia. El Bronco sorprendió en Nuevo León en 2015 y logró un triunfo que hizo soñar a algunos con la vía independiente a Los Pinos. Pero en las condiciones actuales, el triunfo de cualquier independiente se antoja imposible.

No es nada más la dificultad de financiar la campaña y de tener presencia en casillas de todo el país el día de la votación. La falta de spots de radio y televisión, en un sistema hecho para privilegiar el mensaje de 30 segundos en estos medios, condenaba el esfuerzo al fracaso. Nos dicen que la televisión ya no es importante en este mundo de redes sociales, pero no deja de ser significativo que Zavala dio a conocer su decisión en Tercer grado de Televisa.

Un tres por ciento de los votos no son suficientes para ganar la elección, pero sí son un manjar que codician los candidatos que quedan. Estos tres puntos no van a definir la elección, pero sí pueden marcar una tendencia en un momento en que la campaña entra a su período más intenso.

Margarita era la única mujer en la contienda. No hay cuotas de género en las elecciones para la Presidencia. Zavala estuvo al frente en las encuestas, no por cuota, sino por sus cualidades personales. Perdió terreno no por ser mujer, sino porque las reglas daban una ventaja insuperable a quien controlaba los spots de su partido y porque el camino independiente está sembrado de obstáculos.

No era la candidata más calificada. Su experiencia profesional es escasa. Como muchas mujeres de nuestro país prefirió dedicar años de su vida a educar a sus hijos y a respaldar a su marido. Sin embargo, hizo un papel más que digno como primera dama. La gente la quería entonces y después. Recuerdo que la vi en el concurso de paellas, en el cierre de las fiestas de la vendimia de Ensenada, hace algunos años. Los asistentes se le acercaban con enorme entusiasmo. No la protegían los guardias del Estado Mayor Presidencial, sino el cariño de la gente.

Algunas campañas minoritarias se hacen no con la idea de ganar, sino de mandar un mensaje al electorado. Fue el caso de Gabriel Quadri en 2012. El ecologista liberal seguramente nunca pensó que podía ganar, pero difundió ideas que no eran habituales en el medio político de nuestro país. Margarita; sin embargo, no buscaba hacer una campaña meramente testimonial. Esta mujer que había estado en primer lugar en las encuestas hace menos de dos años, realmente pensaba que podía ganar. Cometió así un pecado de inocencia imperdonable en la política.

Hoy nos queda una campaña de cuatro varones. Será una contienda sólo de testosterona. No creo que sea lo mejor, pero es lo que tenemos. Margarita entendió que el triunfo era imposible y que quizá era mejor para el país que los pocos votos que tenía pasaran a otros candidatos cercanos a su ideología. Ése es el sentido de una decisión que dice haber tomado por un principio de congruencia.

 

Demandas

Una de las “demandas laborales” de la sección 22 de la CNTE es “la construcción de un hotel en Puerto Escondido”. La sección; sin embargo, ya es dueña de otros dos hoteles, uno en la ciudad de Oaxaca y otro en Huatulco, los cuales están en virtual abandono (La Razón).

 

Twitter: @SergioSarmiento


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