DRA. JUDITH MERCADO VILLARREAL.
DRA. JUDITH MERCADO VILLARREAL.

De acuerdo con lo expuesto por Foucault (1977/1998), la sexualidad se configuró en Occidente como un tema tabú durante la época victoriana, en donde se generó una fuerte represión a los temas relacionados con el sexo y la sexualidad en diferentes espacios institucionales. En América Latina la institucionalización de la educación sexual está más asociada con la preocupación de organismos multilaterales, organismos financieros y los gobiernos de varios países respecto al acelerado crecimiento poblacional. Es así que el enfoque de la educación sexual en América Latina ha primado dos enfoques de educación sexual en el ámbito escolar, por un lado, el enfoque “informativo preventivo” que apunta, desde sus orígenes en el Programa de la Educación en Población, a la transmisión de información de carácter anatómico y fisiológico sobre el sistema reproductor humano, con el fin de prevenir embarazos en jóvenes, además de las infecciones de transmisión sexual. De acuerdo con la UNESCO en un examen realizado para el año 2015, referente a la educación sexual integral aplicada, en 48 países donde se contaba con políticas y estrategias de apoyo abarcando escuelas secundarias tanto de sector público como privado donde los docentes afirmaron que enseñaron todos los temas de un programa de educación sexual integral, solo el 2 por ciento de los alumnos indicaron que habían aprendido todo.” En algunos casos se impartió información incompleta y a veces incorrecta”. Casi el “60 por ciento de los docentes enseñaron erróneamente”. Aunado a esto se considera que otro de los aspectos que merecen una reflexión en estos modelos educativos sobre la enseñanza de la sexualidad es que toda la temática gira alrededor de la genitalidad excluyendo los contenidos “AFECTIVOS Y RELACIONALES, ASI COMO LOS ASPECTOS SOCIALES Y CULTURALES DE LA SEXUALIDAD (Santos, 2007). Podemos considerar que dichos programas de educación sexual no son lo suficientemente eficaces como para disminuir significativamente las altas tasas de fecundidad adolescente (Rodrìguez&Hopenhayn,2007), la baja frecuencia en el uso condón por parte de los jóvenes (Jiménez, Aliaga & Rodríguez, 2011); y el diagnóstico de cerca de 25,000 personas que entre los 15 y 24 años portan el VIH (UNICEF,2010), el bajo nivel de conocimiento sobre el SIDA que reportan las niñas entre 15 y 19 años (Naciones Unidas, 2005), EL AUMENTO EN LA FRECUENCIA DE AUSENCIA MASCULINA EN LA MATERNIDAD ADOLESCENTE (Rodríguez-Vignoli,2008); y los ALTOS NIVELES DE VIOLENCIA FÍSICA Y EMOCIONAL QUE PADECEN LAS MUJERES. (CEPAL, 2007). Es motivo de reflexión que pese a que nos encontramos en pleno siglo 21, donde la tecnología rebasó cualquier expectativa o sueño del ser humano, prevalezca una enorme marginación hacia un sector muy vulnerable de nuestra sociedad las adolescentes pilar fundamental de nuestra sociedad como principales transmisoras de la cultura familiar, social, económica y política en nuestro país; en éste milenio es indispensable modificar los modelos educativos dirigidos tanto a padres de familia, maestros y el sector político donde garanticen una educación sexual en un contexto no sólo biológico, sino antropológico  (biológico , psicológico y espiritual) donde se fomente un juicio crítico de la ADOLESCENTE que le permita  tomar decisiones con autonomía y libres de coacción, así mismo al joven adolescente y el sector masculino en general debe de ser educado en una cultura en la que le forme  la conciencia y el compromiso de sus acciones para con la mujer  (NO MALEFICENCIA).

 

DRA. JUDITH MERCADO VILLARREAL.

 

 


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