Alberto Chiu
Alberto Chiu

Ayer en pleno Día de la Madre marcharon por las principales calles de nuestra capital, como se tenía previsto, madres de personas desaparecidas en el estado de Zacatecas. Madres que no festejaron su día sino que lo convirtieron en vehículo para expresarle al gobierno –e indirectamente hacer un llamado a la sociedad– su inconformidad porque se sienten ellas también olvidadas, como aparentemente el gobierno se ha olvidado de sus hijos, esposos, padres…

Y no crea usted que fue una manifestación y marcha multitudinaria. Fue más bien un grito silencioso de menos de medio centenar de familiares que, con su “soledad”, nos gritaron a todos los demás que nos hace falta empatía, que en este nuestro estado parece que nos hemos acostumbrados a dejar que cada quien se rasque con sus propias uñas, sin importarnos que quizás mañana nosotros también podríamos resultar afectados como ellos.

En otras ocasiones, y con objetivos mucho menos relevantes, e incluso totalmente superfluos, muchas personas salen a la calle a celebrar la victoria de un equipo deportivo, o como en estas épocas, a “apoyar” a un candidato en particular. ¿Por qué dejamos solos a quienes, como nosotros, son personas “comunes y corrientes” pero que están en una encrucijada de dolor por haber perdido a un familiar y ni siquiera tienen un lugar dónde recordarlo al lado de sus restos mortales?

¿Por qué cada vez que vemos a alguien sufriendo nos es más fácil voltear la mirada a otra parte y hacer como que ni siquiera está ahí? ¿Por qué cuando encontramos en la calle un acto violento preferimos darle vuelta y pretender que no nos dimos cuenta, pero eso sí, lo comentamos como chisme en cuanto se da la oportunidad? Y no me refiero a actos criminales de la delincuencia organizada, sino a hechos como cuando una persona agrede a su pareja o a sus hijos en público, o como cuando un mendigo está literalmente imposibilitado para trabajar y no puede ni sostenerse, o como cuando incluso vemos que alguien se embolsa unos chicles en la tiendita de la esquina…

Nos estamos haciendo insensibles, o acaso ya lo estamos, ante el sufrimiento de todos los días, y creo que por eso la marcha de las madres de los desaparecidos es un reflejo magnificado de esa apatía que tenemos hacia involucrarnos en lo que verdaderamente importa: el prójimo. Sobre todo cuando las circunstancias que le afligen ni siquiera están tan lejos de nuestro propio círculo, y como decía, cualquiera de nosotros puede llegar a padecerlas, en este momento en que los secuestros y las desapariciones forzadas (ya sea por parte de la autoridad o de particulares) están a la orden del día en todas partes.

Pero el reclamo que hicieron ayer estos familiares de desaparecidos, fue principalmente para el gobierno, hay que decirlo. Y hay que decir que sus exigencias no son nada descabelladas, ni tampoco están fuera de la razón: crear una comisión estatal y una fiscalía especializada en la búsqueda, reforzar los protocolos forenses, y rendir cuentas claras sobre la acción del gobierno en cuanto a las desapariciones.

Son cosas que se pueden llevar a cabo si es que existe la voluntad política y de acción de parte tanto del Ejecutivo como del Legislativo y el Judicial. Son cosas que, en otros países, existen desde hace años y que se pueden replicar adaptándolas a nuestra realidad local. Son cosas que quizá, lamentablemente, no le regresen a esas familias a sus desaparecidos, pero sí podrán darles alguna certeza de que ya no regresarán, a fin de proporcionarles un “cierre” de capítulo en sus vidas, y la oportunidad de entrar a la etapa de la resignación y la búsqueda de consuelo. Es decir, la oportunidad de encontrar algo de paz.

Será tal vez una paz incompleta, ante la ausencia de los suyos que no regresarán. Pero al menos la paz de saber que ya no habrá más sufrimiento para ellos, y que es momento de exigir justicia.


Los comentarios están cerrados.