EMILIO
EMILIO

Con gusto manifiesto: en la nave central del ex templo de San Agustín permanece la magna muestra Expiación, de Arturo Rivera (Ciudad de México, 1945). Es de libre acceso.

No acudí a la inauguración ni a la instalación de la exposición. Las aglomeraciones petit de tales actos no me van, impiden tener contacto con la obra que uno desea contemplar; además, los autores no colaboran para restaurar el vínculo mensaje-contemplación, pues en la invención cotidiana mueven y casi siempre proporcionan otros sentidos a lo sugerido inicialmente.

Confieso sin rubor: no conocía a Rivera. Entonces la publicidad, en torno a la exposición, me condujo a googlear. Obvio, lo primero es lo dicho por Avelina Lésper, luego algunos datos biográficos, entrevistas y tal.

El día de la inauguración me topé con Rivera en uno de los bares snob del casco viejo; incluso, como los asistentes, me tomé una selfie con el maestro –un hombre de expresión áspera e incómoda ante los comensales que lo rodeaban sin dar tregua a su privacidad–.

Lésper escribió en su blog: “Somos adictos a las imágenes, las necesitamos para identificarnos, para aprender, conocer; cuando un artista inventa una imagen nos aporta algo que va alimentar a nuestra memoria, la lleva por caminos que antes no había transitado. El que decide ver asume el riesgo del artista y hace suya la obra, la asimila para que forme parte de su propia historia […] El apetito de ver y el de poseer son insaciables. Rivera nos obliga a librar un combate entre las imágenes que nos hipnotizan por el dolor que revelan y las que nos seducen por su ofrecimiento carnal. En todas nos pervierte como testigos: http://www.avelinalesper.com/2010/11/ajustes-secretos-arturo-rivera.html

He asistido tres veces a la nave de San Agustín. Camino en una obra, luego salto. Recorro. Me detengo donde lo visto me estruja. Si he de optar entre mi salfie (como vanidad del presente) y los autorretratos de Rivera en el ex templo, prefiero lo segundo. Las composiciones datan de 2003 a 2016. Allí no es uno, son varios Rivera que “miran” al espectador. Provocan detenerse ante los ojos, lo único fijo para quien mira.

La serie con ojos, de ojos como desafío y referencia, son antecedentes (los años de elaboración lo indican) ante las escenas donde conviven figurines humanos con animales “vivos” o “muertos”. Las clasificaciones colocan la obra en conjunto como hiperrealista. Lo es. Pero interroga más a los espectadores, mírese El encuentro (2016), ¿qué se ve? El animal que emblematiza La jineta (2014); DF (2008); Cristo (2014)…

Acepto: Expiación me estruja. Constelación (1990) o Nacimiento del ojo (1989) dan cuenta de dibujo o símbolos, es experiencia de un artista in crescendo. DF; Bicentenario (2010) o Septeto para un roedor (1996) aviva para confrontar las formas de convivir de la inocencia, lo constreñido de los símbolos indican las estancias. Rivera me estruja por las cuentas de realidad suelto en cada obra y notoria en los rostros arrugosos de tiempo, enojo y en los diversos símbolos del discurso.


Nuestros lectores comentan

  1. Lo único que faltaba y que diosito nos manda por portarnos… mal: un acólito de avelina dispuesto a contarnos su gran aventura al mirar una exposición, tomarse una selfie… que chico tan snob

  2. Varias preguntas asechan a mi mente cuando releo este bello y esclarecedor escrito, sobre las andanzas de un joven al negarse a si mismo el presentarse a la inauguración de una exposición y preferir una cita de avelina( bendita sea entre todas las sabias) y una rápida consulta a san google. Porqué tomarse la molestia de hablar con el creador, o intercambiar puntos de vista con el público asistente, si es más sencillo vanagloriarse de no hacerlo?, la selfie que se tomó era con un iphone 8 red o con un alcatel (que es lo más probable). ? pagó su consumo? o no lo hizo? valió la pena el esfuerzo de presentarse 3 veces a la exposición? se estrujó tanto que quizá necesite ir a un quiropráctico? toma su café en starbucs o en el oxxo? Porque cuestionar, si podemos sencillamente citar.