Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento

“El presidente quedó solo, solitario en el Palacio, con su grandeza a cuestas; con su compromiso ante la historia.”

René Avilés Favila

 

Quizá Ricardo Anaya ganó el debate. Por lo menos así lo sugieren algunos sondeos telefónicos, como el del Reforma, realizados el domingo por la noche, aunque los tres candidatos de partidos políticos se dieron por ganadores. El aspirante de Por México al Frente es un excelente polemista, articulado en su discurso, claro en sus argumentos y críticas. Sí obtuvo la victoria del debate; sin embargo, es poco probable que ésta le permita alcanzar a Andrés Manuel López Obrador, quien se mostró confiado, casi despreciativo, incluso molesto por tener que asistir a un debate cuando todo el mundo sabe que ya es virtualmente el próximo presidente de la república. Mientras lo criticaban, él se limitaba a hacer gestos de aburrimiento, como si participar en un debate de candidatos fuera una simple obligación burocrática. Si Anaya puede ser considerado el ganador formal del debate, López Obrador sigue adelante en la contienda que realmente importa, la de la Presidencia. El candidato de Juntos Haremos Historia ya no se rebaja. Este sábado pasado no quiso hacer el ensayo del debate, prefirió llenar un álbum de estampas de futbol con su hijo menor. En el debate no ofreció sorpresas ni ideas nuevas. Se dedicó a reiterar frases hechas de sus spots. No respondió tampoco a la mayoría de las acusaciones que le hicieron sus rivales. Lo importante es que no cometió ningún error grave que pueda hacerlo caer en las preferencias. Todos los candidatos cuestionaron a López Obrador, pero esto es lo usual en un debate en el que siempre hay que atacar al puntero. Andrés Manuel no cayó en las provocaciones y se dio el lujo de sacar un cartel de “Amor y paz”. Entendió que lo peor que puede hacer es irritarse y entrar en intercambios agrios con rivales que parecen fuera de alcance. El sentido del humor le ayuda a López Obrador a evadir los cuestionamientos de esta campaña. Cuando José Antonio Meade insistió una y otra vez que López Obrador es dueño de tres apartamentos que están a su nombre en el Registro Público de la Propiedad, el tabasqueño le respondió que se los regala si comprueba que realmente son de su propiedad. Andrés Manuel habló de su próxima presidencia como un nuevo orden político para nuestro país. Dijo que su gobierno representará la cuarta transformación histórica de México, después de la independencia, la reforma y la revolución. Nadie podrá acusarlo de falta de autoestima. A muchos ciudadanos, ciertamente, les gusta el estilo personal de López Obrador. No les interesan las acusaciones que se le hacen. La gran virtud de Andrés Manuel es que promete un rompimiento radical con el pasado y muchos electores piensan que al país no le puede ir peor que ahora. Quizá Anaya ganó el debate, pero en la contienda presidencial López Obrador sigue siendo el favorito. Se comporta ya, de hecho, como presidente, incluso como gobernante imperial. Este domingo todos los candidatos saludaron a los moderadores y se dieron la bienvenida entre sí, pero no Andrés Manuel, quien se fue directo a su atril. Al terminar recogió sus gráficos y se fue sin hablar con nadie, mientras los demás candidatos se quedaban un momento a saludar y agradecer a los moderadores y al equipo en producción. Andrés Manuel subió solo y a paso lento la magnífica escalinata del Palacio de Minería, y mientras lo veía, no pude evitar recordar El gran solitario de Palacio, la novela de René Avilés Favila.

 

Depreciación

La fortaleza que mostraba el peso se ha perdido súbitamente. Ayer el dólar se cotizó en 19.15 en ventanillas bancarias y 18.87 al mayoreo. El peso perdió más de 80 centavos en una semana. La incertidumbre está pesando nuevamente sobre el mercado cambiario.

 

Twitter: @SergioSarmiento


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