NORMA BERNAL | NTRZACATECAS.COM
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Fresnillo.- Como cada Jueves y Viernes Santo, los habitantes de la comunidad El Centro se organizaron para buscar tesoros, ante la creencia ancestral de que, quienes les antecedieron, guardaron quizá alguna vasija repleta de monedas de oro en algún lugar del rancho, o lo sepultaron en una de las anchas y macizas bardas de la vieja ex hacienda.

Para los habitantes de esta localidad, la búsqueda de tesoros sigue siendo un mito y también una tentación, delirante, ante la posibilidad de encontrar los preciados entierros millonarios, aunque en ese afán, a algunos de los agraciados les cueste la vida hallarlos.

El rancho amaneció con varios hoyos que tanto el jueves como el viernes abrieron algunos habitantes para ver si encontraban algo, aunque sin éxito.

Ya en 1960 una familia encontró uno de esos tesoros, según cuentan los ancianos. La mujer, de ese matrimonio, fue quien encontró un jugoso botín, por lo que la pareja decidió vender la hacienda a sus actuales dueños.

Sin embargo, la mujer, según cuentan los habitantes, enfermó de manera repentina hasta que finalmente murió. Se dice que sus males fueron provocados por los gases que se encerraron en el socavón.

Como se ha pasado la creencia de generación en generación, los días santos son los ideales para buscar tesoros, debido a que, afirman muchos, por las noches de estos días aparecen llamaradas de fuego o luces brillantes, que señalan el lugar donde fueron guardadas estas atractivas sepulturas.

Son las historias de los pueblos; los buscadores de tesoros siguen estas historias y no pierden la oportunidad de excavar en distintos puntos del pueblo, siempre a la media noche o de madrugada, según el mito. Con un poco de suerte, esperan encontrar algo que quizá sí está destinado para ellos.

Este año, por ejemplo, algunos habitantes se pusieron de acuerdo para buscar entre las entrañas de la casa grande de la ex hacienda que perteneció a los primeros pobladores de Fresnillo, españoles que vinieron en búsqueda de los yacimientos mineros.

La Casa Grande de San José del Centro, construida hacia el año 1570, fue el punto de exploración. Los buscadores se reunieron a la media noche del Jueves Santo para emprender la aventura.

Preparados con los instrumentos necesarios, abrieron hoyos en las gruesas paredes, en forma de círculos; cada agujero se abrió a una profundidad aproximada de 30 centímetros, sin obtener resultados positivos.

Ante la nula respuesta, optaron por abrir más hoyos en el piso. Nada.

El Viernes Santo amanecieron varios boquetes más por todos los alrededores de la Casa Grande.

Describir la hacienda es hablar de sus paredes anchas de piedra, cantera y adobe; de este último material estaban hechas las caballerizas y otras áreas menores de la casa.

Esas paredes siguen en pie, no así los techos, que con los años fueron saqueados por esos buscadores de tesoros, al conocer la calidad de las maderas con que fueron construidos los mismos.

La casa tampoco tiene ya los portones, también hechos de la mejor madera. La actual dueña de la ex hacienda, Alejandrina Salazar, dice que lo que no saben los habitantes es que esos tesoros sólo los encontrará la persona a quien “el muerto (dueño que los sepultó)” considere que los merece, como también rezan las leyendas.

Lo principal es que le tocará a quien Dios elija y no a quien los busque con ambición y avaricia.

Alejandrina, quien actualmente tiene 86 años, dice que muchos ni siquiera tienen la idea de cómo se puede buscar un tesoro. Ella, afirma, recuerda perfectamente el lugar donde hay una de esas fortunas heredadas por los hombres de antaño.

Sin embargo, asegura que su destino no es encontrarla, y nunca hizo el propósito de ir en su búsqueda, sino amar el lugar donde vive, pues aunque no perteneció a las épocas de los hacendados, su esposo compró la Casa Grande y, sin duda, tuvo la oportunidad de disfrutar la riqueza de vivir ahí.

En tanto, para los buscadores de tesoros no hay límites y saben que quien busca, encuentra.


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